jueves, 5 de noviembre de 2009

Qué cultura de mierda tiene este país...

Y qué digno(a) representante de la misma tenemos...

Vaya mierda, no es sólo que ningún ministro de Cultura de la democracia (evidentemente, antes tampoco) haya valido una mierda, sino que periódicamente colocan ahí a gente, no se sabe muy bien por qué, que no para de decir gilipolleces (en el mejor de los casos) o dar por culo y darnos miedito (en el peor)

Lease mejor escenario posible en un ministerio de Cultura devastado y sin razón de ser... sería uno encabezado por alguna cabeza hueca tipo Esperanza Aguirre en su época, antes de meterse a reina de la Comunidad de Madrid y aspirante a reina absoluta del cotarro. Este tipo de ministra no hace más que dar material a diversos programas de zapping de frases y declaraciones gilipollescas varias como que no sabía quien era Santiago Seguro (en la época que sí hacía películas, si no lo supiera ahora tampoco habría para tanto xD) o decir "¿Sara Mago? No sé quien es esa señora"... Algo así es inofensivo, y al fin y al cabo, ¿quién sabe para qué sirve ese ministerio? Pues eso, así al menos te ríes.

Lo peor que puede pasar es lo que ocurre ahora, una ministra de cultura tocapelotas e igualmente ignorante, que no contenta con soltar 'perlas' que harían sonrojar incluso a los niñatos que utilizan el lenguaje 'SMS', pretende erigirse en... ¡oh, esperad! ¡en DEFENSORA DE LA CULTURA! Sí, Defensora de la Cultura, así, con mayúsculas, porque ELLA sabe mejor que nadie que los que crean cultura deben cobrar por eso. Y no sólo deben cobrar, como cualquiera, cuando venden su servicio, sino que deben asegurarse de que NUNCA el producto de su trabajo llegue a ser ni remotamente gratuito. Por tanto, defiende el actual sistema de cánones e incluso pretende tomar medidas contra los internautas que se descarguen contenidos. También, con ella, ha salido adelante esa absurda ley del Cine, mediante la cual se incentiva a que mujeres cineastas hagan películas. Vamos, que se subvencionan más a películas que llevan a cabo mujeres que las de los hombres. Cágate lorito. Si fuera por mí, no se subvencionaría ninguna, y mucho menos, las de mujeres. ¿Qué mierda es esa?

Pero volviendo a internet...

Otra de las cuestiones estrellas que abordó fue el de las descargas en Internet. La ministra aseguró que actualmente hay una comisión interministerial que está estudiando el asunto, pero avanzó que no se castigará legalmente al usuario. Reconoció, sin embargo, que es partidaria de limitar la velocidad de la conexión a Internet. Asumió la complejidad del asunto, la necesidad de casar el derecho a la información con la propiedad intelectual.
(Extraido de este artículo, os recomiendo leerlo, no tiene desperdicio, aunque aviso que pone de muy mala hostia, y además descubre la Verdad sobre por qué Mozart era TAN pobre... ¡era porque no cobraba derechos de autor! Seriously... xD)


Es una Defensora, sí, del bolsillo de algunos. Y no del nuestro, como habréis adivinado


Fragmento de "Rayuela" de Julio Cortázar



“Pero el amor, esa palabra... Moralista Horacio, temeroso de pasiones
sin una razón de aguas hondas, desconcertado y arisco en la ciudad donde el amor
se llama con todos los nombres de todas las calles, de todas las casas, de todos
los pisos, de todas las habitaciones, de todas las camas, de todos los sueños,
de todos los olvidos o los recuerdos. Amor mío, no te quiero por vos ni por mí
ni por los dos juntos, no te quiero porque la sangre me llame a quererte, te
quiero porque no sos mía, porque estás del otro lado, ahí donde me invitás a
saltar y no puedo dar el salto, porque en lo más profundo de la posesión no
estás en mí, no te alcanzo, no paso de tu cuerpo, de tu risa, hay horas en que
me atormenta que me ames (cómo te gusta usar el verbo amar, con qué cursilería
lo vas dejando caer sobre los platos y las sábanas y los autobuses), me
atormenta tu amor que no me sirve de puente porque un puente no se sostiene de
un solo lado, jamás Wright ni Le Corbusier van a hacer un puente sostenido de un
solo lado, y no me mires con esos ojos de pájaro, para vos la operación del amor
es tan sencilla, te curarás antes que yo y eso que me querés como yo no te
quiero. Claro que te curarás, porque vivís en la salud, después de mí será
cualquier otro, eso se cambia como los corpiños. Tan triste oyendo al cínico
Horacio que quiere un amor pasaporte, amor pasamontañas, amor llave, amor
revólver, amor que le dé los mil ojos de Argos, la ubicuidad, el silencio desde
donde la música es posible, la raíz desde donde se podría empezar a tejer una
lengua. Y es tonto porque todo eso duerme un poco en vos, no habría más que
sumergirte en un vaso de agua como una flor japonesa y poco a poco empezarían a
brotar los pétalos coloreados, se hincharían las formas combadas, crecería la
hermosura. Dadora de infinito, yo no sé tomar, perdóname. Me estás alcanzando
una manzana y yo he dejado los dientes en la mesa de luz. Stop, ya está bien
así. También puedo ser grosero, fíjate. Pero fíjate bien, porque no es
gratuito.

¿Por qué stop? Por miedo de empezar las fabricaciones,
son tan fáciles. Sacás una idea de ahí, un sentimiento del otro estante, los
atás con ayuda de palabras, perras negras, y resulta que te quiero. Total
parcial: te quiero. Total general: te amo. Así viven muchos amigos míos, sin
hablar de un tío y dos primos, convencidos del amor-que-sienten-por-sus-esposas.
De la palabra a los actos, che; en general sin verba no hay res. Lo que mucha
gente llama amar consiste en elegir a una mujer y casarse con ella. La eligen,
te lo juro, los he visto. Como si se pudiese elegir en el amor, como si no fuera
un rayo que te parte los huesos y te deja estaqueado en la mitad del patio. Vos
dirás que la eligen porque-la-aman, yo creo que es al revés. A Beatriz no se la
elige, a Julieta no se la elige. Vos no elegís la lluvia que te va a calar hasta
los huesos cuando salís de un concierto.

(...)"

miércoles, 4 de noviembre de 2009

Últimas compras: Completando la biblioteca de Richard Matheson

Es mi objetivo tener en mi poder toda la bibliografía de Richard Matheson. Los que no existen traducidos, los compro en inglés (son la mayoría), y así, poco a poco voy construyendo mi biblioteca Matheson.


Los últimos libros que me he comprado han sido:


- Abu and the 7 Marvels Es un libro para niños, en realidad, y sigue las aventuras de Abu, un humilde chico persa, cuyo objetivo es ganarse el corazón de la solitaria Princesa Alicia, mientras el celoso Gran Visir Zardak, su rival en los afectos de la princesa, busca mantenerlos separados. Todo esto lleva a que Abu tenga que emprender una misión que le llevará a las Siete Maravillas del Mundo.



Si bien su interés es limitado en cuanto a literatura, me ha gustado mucho el diseño y los dibujos que ilustran sus páginas, y por supuesto que lo leeré. Para ejemplo de las ilustraciones que abundan dentro del libro, una de ellas.



- Shock Waves: Es un libro de relatos que al parecer en UK se publicó bajo el título de "Shock 4". Ahora mismo no tengo aquí el libro y no puedo detallar la lista de relatos que incluye, pero al llegar a casa lo haré. Desde luego, al ver el índice no me sonaban muy conocidos... ¡buena señal!




- Camp Pleasant: Esta es una novela de terror más clásica de Matheson, y trata sobre un campamento de verano en el que a su director se le va un poco la cabeza y traspasa el límite de sus habituales crueldades.

Foto de la portada (sale fatal)



Foto de la primera página (oooooh!!! ^^ )



Con todo esto, estoy muy contenta de mis nuevas compras, espero poder leerlos o hacer algo con ellos pronto, y mientras, estarán esperándome pacientemente en mi creciente "Biblioteca Matheson" :D

martes, 3 de noviembre de 2009

Relato "Premium Harmony", de Stephen King - traducción

Relato publicado el 02 de noviembre de 2009 en New Yorker
Traducción por Sonia Rodríguez

Llevan casados diez años y durante mucho tiempo todo fue bien – fenomenal – pero ahora discuten. Ahora discuten mucho. Realmente siempre es la misma discusión. Tiene circularidad. Es, piensa Ray, como una carrera de perros. Cuando discuten, son como galgos persiguiendo al conejo mecánico. Pasas el mismo escenario una y otra vez, pero no lo ves. Ves el conejo.

Él cree que quizás sería diferente si hubieran tenido hijos, pero ella no podía quedarse embarazada. Finalmente hicieron las pruebas, y es lo que dijo el médico. Era problema de ella. Después de un año o así, le compró un perro, un Jack Russell al que ella llamó Biznezz. Lo deletreaba a las personas que preguntaban. Adora ese perro, pero ahora discuten igualmente.

Van a ir a Wall-Mart a por semillas de césped. Han decidido vender la casa – no pueden permitirse mantenerla – pero Mary dice que no seguirán adelante hasta que hagan algo con las tuberías y arreglen el césped. Dice que esos trozos sin césped hacen que parezca una casucha irlandesa. Es por la sequía. Ha sido un verano caluroso y no ha habido lluvias que digamos. Ray le dice que sus semillas de césped no crecerán sin lluvia, no importa cómo sean de buenas. Dice que deberían esperar.

- Entonces pasa otro año y seguimos aquí – dice ella-. No podemos esperar otro año, Ray. Estaremos en bancarrota.

Cuando habla ella, Biz la mira desde su lugar en el asiento trasero. A veces mira a Ray cuando habla Ray, pero no siempre. Casi siempre mira a Mary.

- ¿Qué piensas? – dice él-. ¿Que va a llover sólo para que no tengas que preocuparte por estar en bancarrota?

- Estamos juntos en esto, por si lo has olvidado –dice ella. Están conduciendo a través de Castle Rock. Está bastante muerto. Lo que Ray llama “la economía” ha desaparecido de esta parte de Maine. El Wal-Mart está en el otro lado de la ciudad, cerca del instituto donde Ray es portero. El Wal-Mart tiene su propio semáforo. La gente bromea sobre eso.

- Gastar a manos llenas y ahorrar en las nimiedades – dice él-. ¿Alguna vez has escuchado eso?

- Un millón de veces, de ti.

Él gruñe. Puede ver al perro en el espejo retrovisor, mirándola. En cierto modo odia el modo en que Biz hace eso. Se le ocurre que ninguno de ellos sabe de qué están hablando.

- Y para en el Quik-Pik – dice ella-. Quiero comprar una pelota de kickball para el cumpleaños de Tallie. – Tallie es la hija de su hermano. Ray supone que eso la convierte en su sobrina, aunque no está seguro de que eso sea correcto, dado que toda la sangre es del lado de Mary.

- Tienen pelotas en el Wal-Mart – dice Ray-. Y todo está más barato en Wally World.

- Las de Quik-Pik son violetas. El violeta es su color favorito. No puedo estar segura de que haya de color violeta en Wal-Mart.


Ilustración de Steve Powers

- Si no hay, pararemos en el Quik-Pik cuando volvamos –Siente un gran peso sobre su cabeza.

Ella se saldrá con la suya. Siempre hace las cosas así. A veces él cree que el matrimonio es como un partido de fútbol y él está haciendo de quarterback en el equipo que lleva las de perder. Tiene que elegir sus estrategias. Hacer pases cortos.

- Estaremos en el lado opuesto cuando volvamos – dice ella, como si estuvieran atrapados en un torrente de tráfico urbano en vez de rodando a través de una ciudad casi desierta donde la mayoría de los locales estaban en venta. – Entraré corriendo y cogeré la pelota y saldré corriendo.

Con noventa kilos, piensa Ray, tus días de correr se han terminado.

- Sólo son noventa y nueve centavos – dice ella-. No seas tan avaro.

No seas tan derrochona, piensa él, pero lo que dice es: - Cómprame un paquete de cigarrillos ahí dentro. Se me han terminado.

- Si lo dejaras, tendríamos cuarenta dólares más a la semana. Puede que más.

Él ahorra y le paga a un amigo de Carolina del Sur para que le envíe una docena de cartones a la vez. El cartón cuesta veinte dólares más barato en Carolina del Sur. Es mucho dinero, incluso en estos tiempos. No es como si no intentara ahorrar. Le ha contado esto antes, y lo volverá a hacer, pero ¿cuál es el tema? Le entra por una oreja y le sale por otra.

- Solía fumar dos paquetes al día – dice-. Ahora fumo menos de medio paquete. – En realidad, la mayor parte de los días fuma más. Ella lo sabe, y Ray sabe que ella lo sabe. Eso es el matrimonio cuando pasa el tiempo. El peso sobre su cabeza se hace un poco más grande. Además, puede ver a Biz mirándola. Él alimenta al maldito perro, y gana el dinero que paga la comida, pero es a ella a quien mira. Y se supone que los Jack Russell son listos.

Gira para entrar en el Quik-Pik.

- Deberías comprarlos en Indian Island si tienes que hacerlo – dice ella.

- No venden tabaco libre de impuestos en la reserva desde hace diez años – dice él-. Te he dicho eso, también. No escuchas. – Pasa por los surtidores de combustible y aparca al lado de la tienda. No hay sombra. El sol cae de pleno. El aire acondicionado del coche funciona a medias. Los dos están sudando. En el asiento de atrás, Biz está jadeando. Hace que parezca que está sonriendo.

- Bueno, deberías dejarlo – dice Mary.

- Y tú deberías dejar esos Little Debbies – dice. No quiere decir esto – sabe cómo de sensible es ella con su peso – pero le sale. No puede evitarlo. Es un misterio.

- Ya no los como – dice-. Ninguno, quiero decir. Ya no.

- Mary, la caja está en el estante de arriba. Un paquete de veinticuatro. Detrás de la harina.

- ¿Estabas fisgoneando? – El rubor se eleva en sus mejillas, y él ve qué aspecto tenía cuando aún era hermosa. Atractiva, en todo caso. Todo el mundo decía que era atractiva, incluso su madre, a quien no le gustaba por lo demás.

- Estaba buscando el abrebotellas – dice-. Tenía una botella de gaseosa de vainilla. De esas con el tapón antiguo.

- ¡Buscándola en el estante de arriba de la maldita despensa!

- Entra y compra la pelota – dice-. Y tráeme algunos cigarrillos. Enróllate.

- ¿No puedes esperar a llegar a casa? ¿No eres capaz de esperar tanto?

- Puedes coger los baratos – dice él-. Esos de marca blanca. Premium Harmony, se llaman. –Saben como mierda casera, pero está bien. Si para ya con el tema.

- ¿Dónde vas a fumar, de todos modos? En el coche, supongo, para que yo tenga que respirarlo.

- Abriré la ventanilla. Siempre lo hago.

- Cogeré la pelota. Cuando vuelva, si todavía sientes que tienes que gastar cuatro dólares con cincuenta centavos para envenenar tus pulmones, puedes entrar. Me sentaré con el bebé.

Ray odia cuando llama a Bizz el bebé. Es un perro, y puede ser tan brillante como a Mary le gusta jactarse cuando tienen compañía, pero sigue cagando fuera y lamerse donde solían estar sus pelotas.

- Compra unos pocos Twinkies ahí dentro – le dice-. O puede que tengan una promoción en Ho Hos.

- Eres tan mezquino –dice ella. Sale del coche y cierra la puerta de un golpe. Ha aparcado demasiado cerca del bloque de hormigón de un edificio y ella tiene que pasar con cuidado hasta que sobrepasa el maletero del coche, y él sabe que ella sabe que la está mirando, mirando cómo siendo ahora tan grande tiene que pasar con cuidado. Sabe que ella piensa que ha aparcado cerca del edificio a propósito, para hacerla pasar así, y puede que lo haya hecho.



- Bueno, Biz, viejo amigo, ahora quedamos tú y yo.

Biz se tumba en el asiento trasero y cierra los ojos. Puede ponerse de pie sobre sus patas traseras y girar durante unos pocos segundos cuando Mary pone un disco y le dice que baile, y si le dice (con voz alegre) que ha sido un niño malo puede ir hasta la esquina y sentarse mirando la pared, pero aún así caga fuera.

Se queda sentado allí y ella no sale. Ray abre la guantera. Manotea en el nido de ratas de papeles, buscando algunos cigarrillos que pueda haber olvidado, pero no hay ninguno. Encuentra un Hostess Sno Ball todavía en su envoltorio. Lo abre. Está tan tieso como un cadáver. Tiene que tener mil años. Puede que más. Puede que provengan del Arca.

- Todo el mundo tiene su veneno – dice. Desenvuelve el Sno Ball y lo arroja al asiento trasero. - ¿Quieres eso, Biz?

Biz devora el Sno Ball en dos bocados. Luego se dedica a chupar pedazos de coco del asiento. Mary se pondría histérica, pero Mary no está aquí.



Ray mira el indicador de combustible y ve que está por debajo de la mitad. Podría apagar el motor y bajar las ventanillas, pero entonces se asaría de verdad. Sentado aquí al sol, esperando a que ella compre una pelota de kickball violeta de noventa y nueve centavos aún cuando sabe que podrían conseguir una por setenta y siete centavos en Wal-Mart. Sólo que esa podría ser amarilla o roja. No lo bastante buena para Tallie. Sólo violeta para la princesa.
Está sentado allí y Mary no vuelve. - ¡Cristo en un pony! – dice. El aire frío sale de los ventiladores. Piensa de nuevo en apagar el motor, ahorrar algo de combustible, y luego piensa, Demonios. Ella no cederá y le traerá los cigarrillos, de todos modos. Ni siquiera la marca blanca barata. Esto lo sabe. Tuvo que hacer esa afirmación sobre las Little Debbies.
Ve a una joven por el espejo retrovisor. Está corriendo en dirección al coche. Está incluso más gorda que Mary; grandes tetas se bambolean hacia delante y hacia atrás bajo su bata azul. Biz la ve acercarse y empieza a ladrar.

Ray baja la ventanilla cuatro o cinco centímetros.

- ¿Está con la mujer rubia que acaba de entrar? ¿Es su mujer? –Suelta las palabras entre resoplidos. Su rostro brilla por el sudor.

- Sí. Quería una pelota para nuestra sobrina.

- Bueno, algo malo le pasa. Se ha caído. Está inconsciente. El Sr. Ghosh cree que podría haber sufrido un ataque al corazón. Ha llamado al 911. Será mejor que entre.

Ray cierra el coche y la sigue dentro de la tienda. Hace frío dentro. Mary está tirada en el suelo con las piernas estiradas, y los brazos a los lados. Está al lado de un cilindro de alambre lleno de pelotas de kickball. El cartel sobre el cilindro de alambre dice “Diversión para el verano”. Sus ojos están cerrados. Podría estar durmiendo allí sobre el linóleo. Hay tres personas de pie a su lado. Una es un hombre de piel oscura con pantalones color caqui y una camisa blanca. Una etiqueta con su nombre en el bolsillo de su camisa dice “SR. GHOSH GERENTE”. Las otros dos son clientes. Una es un hombre delgado sin mucho pelo. Está en los setenta por lo menos. La otra es una mujer gorda. Está más gorda que Mary. Más gorda que la chica de la bata azul, también. Ray cree que por derecho que ella debería ser la que estuviera tirada en el suelo.

- Señor, ¿es usted el marido de esta señora? – pregunta el Sr. Ghosh.

- Sí –dice Ray. No parece ser suficiente-. Sí, lo soy.

- Siento decirlo, pero creo que podría estar muerta – dice el Sr. Ghosh-. Le he hecho la respiración artificial y el boca a boca, pero…

Ray piensa en el hombre de piel oscura poniendo su boca sobre la de Mary. Besándola a la francesa, en cierto modo. Exhalando en su garganta justo al lado del cilindro de alambre lleno de pelotas de plástico de kickball. Entonces se arrodilla.

- Mary – dice-. ¡Mary! –como si la estuviera despertando después de una noche difícil.

No parece que esté respirando, pero nunca puedes estar seguro. Pone su oreja sobre la boca de ella y no escucha nada. Siente aire en su piel, pero probablemente es sólo el aire acondicionado.

- Este caballero ha llamado al 911 – dice la mujer gorda. Sostiene una bolsa de Bugles.

- ¡Mary! – dice Ray. Más alto esta vez, pero no es capaz de gritar, no arrodillado con la gente alrededor de pie. Mira hacia arriba y dice, con tono de disculpa-: Nunca se pone enferma. Tiene la salud de un caballo.

- Nunca se sabe –dice el viejo. Menea la cabeza.

- Se cayó de repente –dice la joven de la bata azul-. Ni una palabra.

- ¿Se agarró el pecho? –pregunta la mujer gorda de las Bugles.

- No lo sé –dice la joven-. Supongo que no. Al menos yo no lo vi. Simplemente se cayó.

Hay un expositor con camisetas de recuerdo cerca de las pelotas de kickball. Dicen cosas como “Mis padres fueron tratados como miembros de la Realeza en Castle Rock y todo lo que me trajeron fue esta asquerosa camiseta”. El Sr. Ghosh coge una y dice-: ¿Le gustaría cubrir su rostro, señor?

- ¡Dios, no! –dice Ray, alarmado-. Podría estar sólo inconsciente. No somos médicos. –Más allá del Sr. Ghosh, ve a tres chicos, adolescentes, mirando hacia dentro por la ventana. Uno tiene un teléfono móvil. Lo está utilizando para tomar una foto.

El Sr. Ghosh sigue la mirada de Ray y se precipita hacia la puerta, agitando las manos. - ¡Chicos, fuera de aquí! ¡Chicos, fuera!

Riéndose, los adolescentes retroceden arrastrando los pies, luego se dan la vuelta y corren pasando por los surtidores hasta la acera. Detrás de ellos, el centro de la ciudad, casi desierto, brilla. Un coche pasa con una cadencia de rap. Para Ray, los graves suenas como el corazón roto de Mary.

- ¿Dónde está la ambulancia? –dice el viejo-. ¿Cómo es que no ha llegado todavía?
Ray está de rodillas al lado de su mujer mientras pasa el tiempo. Le duele le espalda y las rodillas, pero si se levanta parecerá un espectador.

La ambulancia resulta ser un Chevy Suburban pintado de blanco con rayas de color naranja. Las gordas luces rojas están parpadeando. En la parte delantera, está impreso “RESCATE CASTLE COUNTY”, solo que al revés, así puedes leerlo en tu espejo retrovisor.

Los dos hombres que entran están vestidos de blanco. Parecen camareros. Uno empuja un tanque de oxígeno sobre una carretilla. Es un tanque verde con una calcomanía de la bandera Americana en él. – Lo siento –dice-. Acabamos de cubrir un accidente de coche más allá de Oxford.

El otro ve a Mary tirada en el suelo. – Ay, caramba –dice.

Ray no puede creerlo. - ¿Todavía está viva? –pregunta-. ¿Sólo está inconsciente? Si lo está, será mejor que le deis oxígeno o sufrirá daño cerebral.

El Sr. Ghosh menea la cabeza. La joven con bata azul empieza a llorar. Ray quiere preguntarle por qué está llorando, y entonces lo sabe. Ha inventado una historia entera sobre él a partir de lo que acaba de decir. Y por ese motivo, si volviera en una semana o así y jugara bien sus cartas, podría echarle un polvo por compasión. No es que lo vaya a hacer, pero ve que podría. Si quisiera.

Los ojos de Mary no reaccionan al oftalmoscopio. Un técnico de emergencias escucha su inexsitente latido, y el otro toma su inexistente presión arterial. Sigue así por unos instantes. Los adolescentes vuelven con algunos de sus amigos. Otras personas, también. Ray supone que han sido atraídos por las luces rojas parpadeantes encima de la Suburban del modo en que los insectos son atraídos por la luz de un porche. El Sr. Ghosh echa otra carrera hacia ellos, agitando los brazos. Retroceden de nuevo. Luego, cuando el Sr. Ghosh vuelve al círculo que está alrededor de Mary y Ray, vuelven.

Uno de los técnicos de emergencias le dice a Ray-: ¿Era su esposa?

- Correcto.

- Bueno, señor, siento decir que está muerta.

- María, madre de Dios –dice la señora gorda de las Bugles. Se santigua.

- Oh –Ray se levanta. Le crujen las rodillas-. Me dijeron que lo estaba.

El Sr. Ghosh le ofrece a uno de los técnicos de emergencias la camiseta de recuerdo para poner sobre el rostro de Mary, pero el técnico niega con la cabeza y sale. Le dice a la pequeña multitud que no hay nada que ver, como si alguien fuese a creer que una muerta en el suelo de Quik-Pik no es interesante.

El técnico de emergencias tira de una camilla con ruedas en la parte de atrás del vehículo de rescate. Lo hace con un simple tirón de la muñeca. Las patas se estiran completamente. El viejo con el pelo ralo mantiene la puerta abierta y el técnico de emergencias empuja su lecho de muerte rodante dentro.

- Guau, qué calor – dice el técnico de emergencias, secándose la frente.

- Quizá quiera girarse en esta parte, señor –dice el otro, pero Ray mira mientras la suben a la camilla. Una sábana ha sido plegada en el extremo de esta. La estiran del todo, hasta que está sobre el rostro de ella. Ahora Mary parece un cadáver de los de las películas. La hacen rodar hacia el calor. Esta vez, la mujer gorda de las Bugles sostiene la puerta para ellos. La multitud se ha retirado hasta la acera. Tiene que haber tres docenas de personas de pie al fuerte sol de agosto.

Cuando Mary está guardada, los técnicos de emergencias vuelven. Uno sostiene un sujetapapeles. Le plantea a Ray cerca de veinticinco preguntas. Ray es capaz de contestar a todas excepto la de la edad de ella. Luego recuerda que es tres años más joven que él y les dice que treinta y cinco.

- Vamos a llevarla al St. Stevie –dice el técnico de emergencias del sujetapapeles-. Puede seguirnos si no sabe donde está.

- Lo sé –dice Ray-. ¿Qué? ¿Quieren hacer una autopsia? ¿Cortarla?

La chica de la bata azul lanza un gritito. El Sr. Ghosh la rodea con su brazo, y ella apoya su cara en la camisa blanca de él. Ray se pregunta si el Sr. Ghosh se la tira. Espera que no. No a causa de la piel oscura del Sr. Ghosh, sino porque le dobla la edad.

- Bueno, no es decisión nuestra –dice el técnico de emergencias-, pero probablemente no. No murió desatendida…

- Y que lo digas –interviene la mujer de las Bugles.

- …y es bastante claramente un ataque al corazón. Probablemente podrá llevarla a la funeraria casi inmediatamente.

¿Funeraria? Hace una hora estaban en el coche, discutiendo. – No tengo una funeraria, una parcela para la tumba, nada. ¿Qué demonios? Tiene treinta y cinco.

Los dos técnicos de emergencias intercambian una mirada. – Sr. Burkett, habrá alguien que le ayudará con todo eso en el St. Stevie. No se preocupe por eso.



La furgoneta de emergencias se va con las luces todavía parpadeando pero con la sirena apagada. La multitud en la acera empieza a disgregarse. La dependienta, el viejo, la mujer gorda, y el Sr. Ghosh miran a Ray como si fuera alguien especial. Una celebridad.

- Quería una pelota de kickball violeta para nuestra sobrina –dice-. Va a cumplir años. Tendrá ocho. Se llama Talia. Tallie para acortar. Se le llamó así por una actriz.

El Sr. Ghosh toma una pelota de kickball de la cesta de alambre y se la alarga a Ray con las dos manos. – Invita la casa –dice.

- Gracias, señor –dice Ray, intentando sonar igualmente solemne, y la mujer de las Bugles rompe a llorar. – María, Madre de Dios –dice. Le gusta esa.

Se quedan de pie un momento, hablando. El Sr. Ghosh saca refrescos del frigorífico. También tienen de estas en casa. Beben sus refrescos y Ray les cuenta unas pocas cosas sobre Mary. Les cuenta como hizo un edredón que ganó el tercer premio en la feria de Castle County. Eso fue en el 2002. O puede que en 2003.

- Eso es tan triste – dice la mujer de las Bugles. Las ha abierto y está compartiéndolas. Comen y beben.

- Mi mujer se fue mientras dormía –dice el hombre del pelo ralo-. Se tumbó en el sofá y nunca se despertó. Llevábamos casados treinta y siete años. Siempre había esperado irme primero, pero ese no era el modo que deseaba el buen Señor. Todavía puedo verla allí tumbada en el sofá.

Finalmente, a Ray se le terminan las cosas para contarles, y a ellos se les terminan las cosas para contarle. Los clientes están entrando de nuevo. El Sr. Ghosh atiende a algunos, y la mujer de la bata azul atiende a otros. Entonces la mujer gorda dice que de verdad se tiene que ir. Le da a Ray un beso en la mejilla antes de hacerlo.

- Ahora necesita ocuparse de sus asuntos, Sr. Burkett – le dice. Su tono es a la vez de reprensión y coqueto.

Mira el reloj sobre el mostrador. Es del tipo que tiene un anuncio de cerveza. Han pasado casi dos horas desde que Mary se deslizó entre el coche y el lateral de ladrillos color ceniza del Quik-Pik. Y por primera vez piensa en Biz.

Cuando abre la puerta, le golpea el calor, y cuando pone la mano sobre el volante para apoyarse la retira con un grito. Tiene que haber cincuenta grados aquí dentro. Biz está muerto de espaldas. Sus ojos están lechosos. Su lengua sobresale por un lateral de su boca. Ray puede ver un atisbo de sus dientes. Hay pequeños pedazos de coco atrapados en sus bigotes. Eso no debería ser divertido, pero lo es. No lo bastante divertido como para reírse, pero divertido.

- Biz, viejo amigo –dice-. Lo siento. Olvidé que estabas aquí.

Una gran tristeza y diversion le recorren mientras mira al asado Jack Russell. Que algo tan triste sea divertido es una vergüenza.

- Bueno, ahora estás con ella, ¿no? –dice, y esto es tan triste que empieza a llorar. Es una tormenta fuerte. Mientras llora, se le ocurre que ahora puede fumar donde quiera, y en cualquier parte de la casa. Puede fumar justo en su mesa del comedor.

- Ahora estás con ella, Biz –repite a través de las lágrimas. Su voz suena congestionada gruesa. Es un alivio sonar adecuado a la situación. – Pobre vieja Mary, pobre viejo Biz. ¡Maldita sea!

Todavía llorando, y con la pelota de kickball todavía metida bajo el brazo, vuelve al Quik-Pik. Le dice al Sr. Ghosh que olvidó comprar cigarrillos. Piensa que puede que el Sr. Ghosh le dé un paquete de Premium Harmony invitando la casa también, pero la generosidad del Sr. Ghosh no llega a tanto. Ray fuma todo el camino hasta el hospital con las ventanillas cerradas y el aire acondicionado puesto.

lunes, 2 de noviembre de 2009

Sherlock Holmes: cartel de la película


Aquí está el póster de la peli Sherlock Holmes. Como se puede ver, y siguiendo en la línea del trailer, podemos ver una imagen diferente y desenfadada de Holmes y Watson, interpretados por Robert Downey Jr. y Jude Law. No hay lupa ni sombrero, pero lo que sí parece, es que será una película fresca y divertida. La verdad, tengo ganas de verla.

Ambientada en 1891, la película de Guy Ritchie nos reúne con Holmes y Watson luchando contra el líder de un culto maligno llamado Lord Blackwood (Mark Strong – en el póster, a la derecha), que les dará muchos dolores de cabeza. La película nos revelará a un Sherlock que utiliza sus dotes como luchador y su cerebro con igual habilidad.

Sinopsis de la película: En un nuevo y dinámico retrato de los personajes más famosos de Arthur Conan Doyle, “Sherlock Holmes” envía a Holmes y a su incondicional compañero Watson a su último desafío। Descubriendo habilidades de lucha tan letales como su legendario intelecto, Holmes luchará como nunca antes lo ha hecho para derribar a un nuevo Némesis y desenredar una trama letal que podría destruir el país.

La película de misterio, acción y aventuras está timoneada por el aclamado cineasta Guy Ritchie, para Warner Bros। Pictures y Village Roadshow Pictures. Robert Downey Jr. da vida al detective legendario, y Jude Law figura como el colega de confianza de Holmes, Watson, un médico y veterano de guerra que es un formidable aliado para Sherlock Holmes. Rachel McAdams interpreta a Irene Adler, la única mujer que ha superado alguna vez a Holmes y que ha mantenido una tempestuosa relación con el detective. Mark Strong interpreta a su misterioso nuevo adversario, Blackwood.

En cines el 25 de diciembre de 2009.

domingo, 1 de noviembre de 2009

Por qué no me importa que hayamos importado Halloween

Y la gente dice que de Estados Unidos nos están invadiendo culturalmente, por todo esto de Halloween, es una queja recurrente que se escucha desde hace unos días, que si hace unos años esto de Halloween no se hacía, que si en Estados Unidos hacen algo nosotros tenemos que imitarlo... La verdad, yo pensaba un poco así, pero he llegado a la conclusión de que me da igual. En España se copian tantas cosas de otros países que no creo que tenga demasiada importancia copiar Halloween.

Me explico: desde pequeña he visto series americanas, películas americanas y he crecido rodeada de referencias culturales de ese país. No es que no haya habido otras referencias, pero, sinceramente, ¿cuáles han sido las que me han gustado? ¿Me acuerdo con cariño de esas ocasiones en las que vi en la tele Jamón, jamón o alguno de los horrores de Almodóvar? No. En cambio, guardo gratos recuerdos de películas americanas de todo tipo: Karate Kid, Gremlins, Quién engañó a Roger Rabbit, Cazafantasmas y un largo etcétera. Crecí viendo dibujos animados de infinidad de países. Las series... a pesar de que de pequeña vi Farmacia de Guardia y Verano Azul, como todos, de lo que realmente guardo un recuerdo más cariñoso es de otras series como Luz de Luna, El coche Fantástico, "V", El equipo A y otro largo etcétera. He crecido americanizada culturalmente, lo sé. La cultura que he mamado no ha sido la "nuestra", la "de aquí", sino otra bien diferente, y eso se refleja en la edad adulta también.

No me gustan las fiestas más famosas que se celebran en España. No me llaman la atención los Sanfermines, me producen rechazo. Aborrezco la mal llamada "Fiesta Nacional", y firmo siempre que puedo en contra de las corridas de toros. La Semana Santa... bueno, soy atea. Que conste que esos días festivos los disfruto con mucho gusto, igual que todos. No me gustan todas estas fiestas y no sé si porque mi mente se encuentra colonizada por la cultura yanqui o porque simplemente no coinciden con mis criterios, aunque supongo que es más bien por esto último.

Y por todo esto, cuando escucho a alguien decir que nos están colonizando y que Halloween no es de aquí, recuerdo mis días de infancia y de adolescencia, cuando no había Halloween ni nada todavía, y el 1 de noviembre era sinónimo de "día en el que se llevan flores al cementerio". Era un día triste y oscuro en el que se revivía el dolor de todas las pérdidas de familiares, en que había una especie de renovación del sufrimiento por los muertos, y por eso, cuando ayer vi a gente de mi edad, y a niños, disfrazados y con ganas de cachondeo por la calle, pensé que quizá a veces estas "absorciones" no son tan malas. Porque esos disfraces que nos hicieron reír a las dos de la mañana por las calles de Barcelona, quizá son una cosa buena por la que dejarse colonizar.

Peliculillas, peliculones, bodrios descarados (XXI): La Huérfana


Título: La Huérfana
Título original: Orphan
País: USA
Estreno en USA: 24/07/2009
Estreno en España: 16/10/2009
Productora: Warner Bros.
Director: Jaume Collet-Serra
Guión: Robin Christian
Reparto: Peter Sarsgaard, Vera Farmiga, Isabelle Fuhrman, David Fine, Skye Peters, David Leonard, Scott Dunn, Cassie Farren


¿Cómo crear una película sobre niño malvado malvadísimo que no sea como otra cualquiera de niño malvado malvadísimo? Bueno, no puedo contarlo, porque sería un tremendo spoiler.

El argumento es manido: un matrimonio con una vida aparentemente feliz y con dos hijos pequeños, decide adoptar a una niña ya bastante mayor. Esto es porque han tenido algunos problemas, entre ellos el de un aborto de una hija suya, y creen que están preparados para ayudar a una niña y darle un buen hogar. Como el espectador bien sabe, los problemas no tardarán en aparecer, y es que la cara de la 'niña' en cuestión en el cartel ya lo dice todo.

Empiezo diciendo que la peli no es exactamente mala, es más, es entretenida y bastante interesante para lo que estamos acostumbrados a ver. Hay un gran giro argumental bastante sorprendente, y algunas de las escenas son impactantes y te mantienen con la vista fija en la pantalla.

Más cosas buenas: las actuaciones. Los personajes principales lo hacen aceptablemente bien. Desde la madre, protagonista de la peli junto con la niña, muy bien interpretada y que sabe llevar a buen término ese papel de madre atormentada y preocupada, y que ha dejado atrás muchos problemas, como un aborto y una adicción al alcohol. El padre también interpreta bien lo poco que le ha brindado el guión, un personaje tan expresivo como un saco de patatas y tan listo como ídem, así que no creo que el tío sea realmente mal actor, que no lo sé, pero digo que el papel no le daría para más ni aunque fuese Robert de Niro. El niño pequeño, aunque no sale mucho, tamibén lo hace bien. Estamos acostumbrados a unas actuaciones de mierda por parte de los infantes en películas y series, así que encontrar a niños así, que parezcan creíbles y no sean odiosos, es una buena cosa. La niña pequeña, sordomuda, lo hace realmente bien. Ha sido una sorpresa porque su personaje tiene que decir mucho sólo con las miradas y los gestos, y realmente es creíble, muy creíble. Aquí tenemos una joven promesa. Y la protagonista, la huerfanita tiene una cara tan odiosa que al principio uno no se da cuenta de si actúa mal o si es sólo que es fea y da rabia. Pero realmente, aunque he leído por ahí que hace un papelón, a mí no me lo parece tanto. Está sobreactuada y a veces da más risa de miedo, sobre todo cuando lanza esas miradas envenenadas de niña odiosa.


Grrrr, la maldad se me sale por los poros...

En cuanto a la película en sí misma, a cómo está rodada, pues qué voy a decir, usa y abusa todos los tópicos del género. Los planos, la fotografía, la forma en que se desarrolla la trama. Últimamente me da la impresión de que las películas "de terror" abusan mucho de los sustos sonoros. Me explico: por ejemplo, un personaje está todo tenso haciendo alguna cosa, y de repente algo se cae. Tremendo ruido, y para nada. Susto fácil para el espectador. Lo odio.



A ver, querida, tampoco viste tan mal, es "cool"

El argumento, como digo, tiene su parte buena, pero también la mala, y la mala es este esquema:

1. Gente aparentemente feliz pero con problemas de fondo (sobre todo la prota, la madre)
2. Pasa algo nuevo, en principio bueno, en este caso llega la hija adoptada.
3. Empiezan a pasar cosas raras, nada grave al principio, la madre tiene la mosca detrás de la oreja
4. Pasan cosas peores. La madre intenta explicárselo al padre. El padre, lejos de creerla, le echa en cara los problemas que ha tenido y se pone de parte del elemento externo. Es más, en este caso la madre asiste a una terapeuta, que piensa exactamente igual que el padre, con el agravante (para él) de que vive con todo esto. La misma capacidad de comprensión que un boniato.
5. La cosa se desmadra, cada vez más, y al final los que eran reacios tienen que asumirlo y enfrentarse al problema.

Este es un esquema que nos resulta más que familiar ¿no? Pues es la premisa de esta peli, junto con muchas otras. Las motivaciones de algunos personajes resultan difíciles de entender y poco realistas, pero en una película como esta pedir realismo o coherencia igual es mucho pedir. En el fondo, para lo que sí sirve es para pasar un rato entretenidos. La única pega es que el 'rato' son dos horas, quizás un poco más larga de la cuenta.

En definitiva, la recomiendo, no como película de terror, que para mí no lo es, sino como un thriller, una peli con intriga y suspense.