Pues después de haber ya colgado un relato hace tiempo de esta misma antología (se trataba de "No son tu marido" y está disponible para quien lo quiera), a la que da título el relato que cuelgo hoy: ¿Quieres hacer el favor de callarte, por favor?... pues eso, aquí está el relato. De hecho, lo cuelgo más que nada porque alguien me lo pidió por correo electrónico. ;D
Descargar "¿Quieres hacer el favor de callarte, por favor?", de Raymond Carver (.pdf)
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lunes, 28 de diciembre de 2009
domingo, 6 de diciembre de 2009
Libros leídos en 2009 (XXXII): ¿Quieres hacer el favor de callarte, por favor? de Raymond Carver

FICHA TÉCNICA:
Título original: Will you please be quiet, please?
Autora: Raymond Carver
Editorial: Anagrama
Páginas: 235
ISBN: 978-84-339-1483-5
Año publicación en inglés: 1976
LISTA DE RELATOS
Gordo
Vecinos
¡Hábrase visto...!
No son tu marido
¿Es usted médico?
El padre
Nadie decía nada
Sesenta acres
¿Qué hay en Alaska?
Escuela nocturna
Recolectores
¿Qué hace usted en San Francisco?
La esposa del estudiante
Póngase usted en mi lugar
Jerry y MOlly y Sam
¿Por qué, cariño?
Los patos
¿Qué te parece esto?
Bicicletas, músculos, cigarrillos
¿Qué es lo que quiere?
Señales
¿Quieres hacer el favor de callarte, por favor?
Raymond Carver es, dicen, de los mejores escritores de relatos que nunca ha habido en América. Yo, como me fié de ese "maestro indiscutible del cuento norteamericano actual" que ponía que era en la contraportada, me compré el primero de sus libros hace ya tiempo. Aquel libro era Catedral, que también leí este año y comenté hace tiempo.
Resulta que este otro libro de relatos me lo terminé hará como una semana o así. En esa semana, a ratillos, estuve traduciendo un artículo/reseña de Stephen King sobre el autor. ¿Casualidades de la vida? Pues sí, casualidades de la vida.
En ese artículo me quedaron claras varias cosas: una, que Ray Carver fue durante mucho tiempo un tío cuya principal ocupación era beber y vivir de su mujer, y dos, que no se caracterizó precisamente por su buen comportamiento en determinados momentos de su vida. Además, ha conseguido que, aparte de ser aficionada a leer sus historias me interese más por Ray Carver, la persona que fue.
En las historias de Carver no hay que esperar grandes acontecimientos, ni grandes revelaciones. Normalmente los relatos no tienen un gran final, pero sí un gran desarrollo. Son como la vida misma en sus peores momentos: gris, aburrida, monótona y al parecer, sin esperanzas de mejorar. Los hombres y mujeres no tienen grandes esperanzas depositadas en el futuro, la belleza no aparece por ninguna parte, la falta de dinero es algo agobiante, y el día a día se hace casi insoportable... algo que a todos nos parece familiar, antes o después.
En este libro tenemos, desde un relato en el que el marido en paro decide un día que su mujer está gorda y le propone adelgazar, en "No son tu marido", hasta otro ("¿Qué hace usted en San Francisco?") donde un cartero cuenta, desde su limitada perspectiva, las vicisitudes de un matrimonio joven recién llegado al vecindario, desde su llegada, hasta que se van, pasando por "¿Qué te parece esto?" donde un matrimonio va a ver una casa de campo a la que posiblemente se muden. El problema es que no tiene ni agua corriente, ni electricidad... Son relatos donde casi todo el mundo está triste, o se oculta cosas, los matrimonios están distanciados, hay silencios incómodos. Retratos de tristeza.
Pero aunque a menudo la depresión, la desolación y la monotonía reinen en los relatos de Carver, hay a menudo un pequeño rayo de esperanza, una voluntad decidida y empecinada de sus protagonistas por salir adelante y arreglar aquello que está mal. Esto creo que todavía lo hace más realista si cabe. Y a pesar de ser tan "realistas", tan fieles a lo que podría ocurrir a cualquier persona en la época que están ambientados, también tienen puntos de surrealismo, como suele ocurrir en nuestras propias vidas. Ese punto de surrealismo, junto con la esperanza, son los últimos toques para darle vida a todos estos retratos.
Y para no enrollarme más, para alguien a quien le gusten los relatos, y los relatos bien escritos, recomiendo este libro, no se arrepentirá.
Quizá aquí tenga cabida y sea muy clarificadora una entrevista que le hicieron a Carver en el año 1978, diez años antes de morir.
Al final de la tarde, un sábado, y estamos sentados en mi apartamento bebiendo café. Fuera de la ventana de salón algunos niños de la vecindad están discutiendo. Una camioneta se mueve lentamente calle abajo. Podría ser la escena de apertura de uno de sus relatos porque es aparentemente ordinaria.Raymond Carver enciendo su cigarrillo, hace un gesto suave con la cerilla, se echa hacia delante."No eres tus personajes, pero tus personajes son tú", dice.Una observación interesante considerando los muchos roles que ha interpretado Carver en su vida. Ha sido conserje, trabajador en serrería, repartidor, dependiente y editor de una firma editorial. Ha enseñado escritura de ficción en varias universidades incluyendo la Iowa Writer's Workshop desde 1973-1974.Durante los próximos meses, Carver simplemente vivirá en Iowa City, trabajando en varios proyectos de escritura antes de dejar el Medio Oeste para unirse a la facultad de Goddard College en Vermont."Es una nueva etapa en mi vida. Mis hijos han crecido y acabo de recibir una beca Guggenheim. Tengo grandes espacios de tiempo con los que trabajar", dice."He estado trabajando en una novela. Ya había recibido un anticipo del editor, pero ellos habían accedido a aceptar una recopilación de relatos este otoño, sin embargo"
Carver ha publicado anteriormente dos antologías de sus relatos: "Will You Please Be Quiet, Please? [¿Quieres hacer el favor de callarte, por favor?]" que estuvo nominada a un National Book Award en 1977, y "Furious Seasons" que incluye la historia que ganó el Pushcart Prize, "So Much Water So Close to Home".
Carver piensa en sí mismo principalmente como un escritor de ficción, aunque ha publicado tres excelentes volúmenes de poesía y está componiendo un cuarto.
"Hace un año pensaba que nunca escribiría otro poema. No sé exactamente por qué, pero desde que estoy en Iowa he escrito un libro entero. Las últimas semanas han sido muy buenas".
Hablamos un rato acerca de la división que a veces resulta evidente entre la poesía de un escritor y su prosa. Sugiero que los poemas de Carver a menudo se parecen a su ficción. Enciende otro cigarrillo.
"Creo que una línea argumental es muy importante. Tanto si estoy escribiendo un poema o escribiendo prosa intento contar una historia. Durante mucho tiempo escribí poemas porque no tenía tiempo a escribir relatos. La cosa buena de un poema es que hay una gratificación instantánea. Y si algo va mal, está ahí. Sería una cosa difícil para mí trabajar durante meses en una novela y que saliera mal. Sería una tremenda inversión para mí y no tengo una capacidad de concentración muy grande".
Si es justo decir que los poemas de Carver se parecen a sus relatos, es igualmente cierto que sus relatos tienen una intensidad poética. El lenguaje es muy claro y aparentemente sencillo. El lector nunca está seguro de donde está ocurriendo la acción hasta que llega el climax.
Raymond Carver tiene una habilidad tremenda con el diálogo y sus personajes siguen siendo tangibles en las situaciones más bizarras.
En la historia, "¿Qué hay en Alaska?", Mary y Clark pasan una noche con Jack y Helen probando una pipa de agua que Jack ha recibido por su cumpleaños. Carver no sólo simula las conversaciones de cuatro adultos drogados con una maravillosa exactitud, sino que tiene éxito en sugerir sutilmente una serie de conflictos que crean una tensión subliminal en el lector, una tensión que culmina en las líneas perturbadoras del final de la historia.
La ficción de Carver bastante a menudo anima una especie de respuesta empática en sus lectores. Esto es debido a su buen ojo para los pequeños detalles comunes, detalles que imaginamos que son únicos en nuestras historias personales. A veces olvidamos que estamos leyendo ficciones, sospechamos que estamos tratando con ecos de nuestras propias palabras, nuestras propias vidas.
Rellenamos nuestras tazas de café y le pregunto acerca del proceso, los orígenes de sus historias. Hace una pausa durante un momento.
"Muchas cosas vienen de la experiencia, o a veces de algo que he oído, un diálogo en alguna parte".
Menciono que a menudo sus títulos se sacan de líneas de diálogo de sus relatos. Se echa hacia delante.
"Empiezas a escribir. A veces no encuentras lo que estás intentando decir en la historia hasta que llegas a un diálogo, y luego de repente sabes a donde se dirige la historia. Sólo tienes que descubrirlo mientras avanzas. Luego cuando tienes ese primer borrador, vuelves atrás".
"Todo es importante en una historia, cada palabra, cada signo de puntuación. Creo mucho en la economía en la ficción. Algunas de mis historias, como "Neighbors", eran tres veces más largas en sus primeros borradores. Realmente me gusta el proceso de reescritura".
"Los comienzos son muy importantes. Una historia está bendita o maldita con las líneas que la inician. Los editores tienen tantos manuscritos que mirar que a menudo todo lo que ven es el primer párrafo o dos, a menos que sea un autor que conocen".
Aparentemente Carver sabe lo que hace porque sus historias han sido incluidas en algunas de las antologías más competitivas del país: Best American Short Stories y O. Henry Prize Stories.
La pausa más larga en nuestra conversación es la que sigue a mi pregunta, "¿Qué piensas de programas de escritura tales como el Iowa Writer's Workshop? Sé que fuiste estudiante allí hace años".
Creo que los programas de escritura son algo bueno, un lugar donde aprender el oficio. Por supuesto un problema de eso es que de mucha gente que es activa en el programa de escritura no se vuelve a escuchar nada después de que lo dejan. Se van de la escuela y dejan de escribir".
"Mi época en Iowa no fue muy productiva. No hice mucho trabajo. Estuve aquí durante dos semestres y lo dejé antes de conseguir mi licenciatura".
"lo importante es encontrar a alguien con quien trabajar. Para mí fue John Gardner. Estuvo allí en una época muy importante de mi desarrollo".
Carver leerá en el English Lounge a las 8 hoy; leerá, quizás, la historia que da título a su nueva antología de ficción breve, "Why Don't You Dance?"
"Podría leer otra historia también", dice, "Put Yourself In My Shoes". Lo decidiré el martes".
Carver se levanta, me mira, con la taza en la mano. "¿Hay más café?", pregunta.(Entrevista originalmente publicada en www.sophieswoods.com. Traducción por Sonia Rodríguez)
sábado, 5 de diciembre de 2009
No son tu marido - relato de Raymond Carver
Hace poco terminé de leerme el libro ¿Quieres hacer el favor de callarte, por favor? de Raymond Carver, una antología de relatos bastante cortitos pero que para mi gusto, son muy buenos.
Por cierto, este es el libro que tengo pendiente de comentar. Pero quería copiar, como siempre, algún fragmento o relatito como muestra. El comentario vendrá después, pero me pareció mejor colgar primero el relato. Es cortito, sólo 6 páginas. ¿Por qué este relato y no otro? Pues bueno, por eso mismo, porque es el más corto de la antología, y porque creo que es tan bueno como cualquier otro.
Espero que os guste.
Descargar relato "No son tu marido" de Raymond Carver en .pdf
Publicado en Sonia Unleashed
Post creado por Sonia Rodríguez
Para muestra, un botón. He escaneado bien el relato "No son tu marido", espero que os guste.
Espero que os guste.
Descargar relato "No son tu marido" de Raymond Carver en .pdf
Post creado por Sonia Rodríguez
jueves, 3 de diciembre de 2009
Vida e historias de Raymond Carver (artículo de Stephen King sobre el autor)
Artículo publicado originalmente en el NY Times
Por Stephen King, 19 de Noviembre de 2009
Traducción por Sonia Rodríguez
Raymond Carver, seguramente el escritor americano más influyente de relatos en la segunda mitad del siglo XX, tiene una temprana aparición en la exhaustiva y a veces agotadora biografía de Carol Sklenicka, como un niño de 3 o 4 años reprimido. “Bueno, por supuesto que tenía que tenerlo atado”, dijo mucho después su madre, Ella Carver – y al parecer sin ironía.
La Sra. Carver podría estar en lo cierto. Como los bebedores perplejos de clase media-baja que pueblan sus historias, Carver nunca ha parecido saber donde estaba o por qué estaba allí. Me recordaba constantemente a un pasaje de “Ghost Story [Fantasmas]” de Peter Straub: “El hombre sólo conducía, distraído por este interminable culebrón de los estratos bajos de América”.
Nacido en Oregon en 1938, Carver pronto se trasladó con su familia a Yakima, Wash. En 1956, los Carver se reubicaron en Chester, California. Un año después, Carver y un par de amigos estaban de juerga en México. Después de eso las mudanzas se aceleraron: Paradise, California; Chico, California; Iowa City, Sacramento, Palo Alto, Tel Aviv, San Jose, Santa Cruz, Cupertino, Humboldt County… y eso nos lleva sólo hasta 1977, el año en que Carver se tomó su última copa.
A lo largo de la mayoría de esos primeros años de viaje sin descanso, arrastró a sus dos hijos y su sufrida mujer, Maryann, la heroína a menudo no reconocida del cuento de Sklenicka, detrás de él como latas atadas al parachoques de un viejo coche que ningún vendedor de coches en su sano juicio aceptaría. No es ninguna sorpresa que sus amigos le llamaran ‘Running Dog’. O que cuando su madre lo llevó al centro de Yakima, lo retuviera atado.
Tan brillante y talentoso como era, Ray Carver fue también el tipo de bebedor destructivo y apasionado que toca fondo, y luego empieza a excavar más profundamente. Desde hace mucho en A.A. [Alcohólicos Anónimos] se sabe que los borrachos como Carver son practicantes expertos de la cura geográfica, rechazando reconocer que si pones un bebedor fuera de control en un avión en California, va a bajarse un bebedor fuera de control en Chicago. O Iowa. O México.
Y hasta mediados de 1977, Raymond Carver estuvo fuera de control. Mientras enseñaba en el Iowa Writer’s Workshop, él y John Cheever se hicieron colegas de borracheras. “Él y yo no hacíamos nada que no fuera beber”, dijo Carver en el semestre de otoño de 1973. “No creo que ninguno de nosotros levantara siquiera la funda de nuestras máquinas de escribir”. A causa de que Cheever no tenía coche, Carver proporcionaba transporte para sus carreras alcohólicas dos veces a la semana. Les gustaba llegar a la licorería justo cuando el dependiente abría. Cheever apuntó en su diario que Carver era “un hombre muy amable”. También era un borrachín irresponsable que se iba sin pagar en los restaurantes, incluso aunque él debía haber sabido que era la camarera la que tenía que pagar la cuenta por los clientes que se iban antes de pagar la cuenta. Su mujer, después de todo, a menudo atendía mesas para mantenerle.
Raymond Carver y Maryann Burk CarverEra Maryann Burk Carver la que se ganaba el pan en aquellos primeros días mientras Ray bebía, pescaba, iba a la escuela y empezaba a escribir las historias que una generación de críticos y profesores clasificaría erróneamente como “minimalismo” o “realismo sucio”. El talento literario a menudo corre por su propio circuito (como atestigua “Raymond Carver: Collected Stories” de Library of America), pero los escritores cuyos trabajos brillan con perspicacia y misterio son a menudo monstruos prosaicos en su casa.
Maryann Burk conoció al amor de su vida – o su Némesis; Carver parece haber sido ambas cosas – en 1955, mientras trabajaba en el mostrador de una tienda Spudnut, en Union Gap, Wash. Tenía 14 años. Cuando ella y Carver se casaron en 1957, estaba a escasos dos meses de su 17 aniversario y embarazada. Antes de cumplir 18, descubrió que estaba embarazada de nuevo. Durante el siguiente cuarto de siglo mantuvo a Ray como camarera de cocktail, recepcionista en un restaurante, vendedora de enciclopedias y profesora. Al principio del matrimonio empacó fruta durante dos semanas para comprarle su primera máquina de escribir.
Ella era hermosa; él era corpulento, posesivo y a veces violento. En el punto de vista de Carver, sus propias infidelidades no excusaban las de ella. Después de que Maryann se entregara a un “flirteo achispado” en una cena de una fiesta en 1975 – en esa época el alcoholismo de Carver había alcanzado la etapa de pleno desarrollo – le golpeó la cabeza con una botella de vino, cortando una arteria cerca de su oreja y casi matándola. “Necesitaba una ‘ilusión de libertad’”, escribe Sklenicka, “pero no podía soportar el pensamiento de ella con otro hombre”. Es uno de los pocos puntos en su admirable biografía en el que Sklenicka muestra simpatía real por la mujer que mantuvo a Carver y al parecer nunca dejó de amarle.
Aunque Sklenicka muestra algo parecido a admiración por Carver el escritor, y claramente entiende la influencia deformadora que el alcohol tuvo en su vida, se muestra casi exenta de juicio en lo que se refiere a Carver el marido borracho malvado y desagradecido (por no mencionar peligroso). Cita a la novelista Diane Smith (“Letters From Yellowstone”) diciendo, “Fue una mala generación de hombres”, y casi lo deja así. Cuando cita a Maryann llamándose a sí misma una “Cenicienta literaria, viviendo en el exilio por el bien de la carrera de Carver”, la primera Sra. Carver pasa más como otra quejita ex-mujer más que como la incondicional que indudablemente fue. Ray y Maryann estuvieron casados durante 25 años, y fue durante esos años que Carver escribió el grueso de su trabajo. El tiempo que pasó con la poetisa Tess Gallagher, la otra mujer importante de su vida, fue menos de la mitad.
Sin embargo, fue Gallagher la que cosechó los beneficios personales de la sobriedad de Carver (tomó su último trago un año antes de que se enamoraran) y los financieros también. Durante los trámites de divorcio, el abogado de Maryann dijo – esto a la vez me atormenta y hasta cierto punto contamina mi disfrute de las historias de Carver – que sin un acuerdo decente en el juicio, la vida post-divorcio de Maryann Burk Carver hubiera sido “como una bolsa de pomos que no abrirían nunca ninguna puerta”.
La respuesta de Maryann fue, “Ray dice que enviará dinero todos los meses, y le creo”. Carver cumplió esa promesa, aunque no sin una buena cantidad de gruñidos. Pero cuando murió en 1988, la mujer que le había mantenido al principio descubrió que se le había recortado el reparto de los continuos beneficios financieros de las populares recopilaciones de relatos de Carver. Los ahorros de Carver totalizaban casi 215000 dólares en el momento de su muerte; Maryann se quedó con cerca de 10000. La madre de Carver consiguió todavía menos: a la edad de 78, estaba viviendo en una residencia pública en Sacramento y ganándose la vida a duras penas como “profesora auxiliar” en una escuela elemental. Sklenicka no llama a esto un tratamiento mezquino, pero estoy contento de hacerlo por ella.
Como crónica del crecimiento como escritor de Carver el libro de Sklenicka es inestimable, particularmente después de que su sendero profesional se cruzara con el del editor Gordon Lish, el “Capitán Ficción” de estilo propio. Cualquier lector que dude la torva influencia de Lish en las historias de “De qué hablamos cuando hablamos de amor” será capaz de pensar de forma diferente después de leer el relato revelador de Sklenicka de esta relación difícil y definitivamente venenosa. Aquellos que todavía no estén convencidos pueden leer las historias correspondientes en “Beginners”, ahora disponible en el excelsamente portátil y extenso “Raymond Carver: Collected Stories”.
En 1972, Lish cambió el título de la segunda historia de Carver en Esquire – que editó mucho- de “Are These Actual Miles?” (interesante y misterioso) a “What is It?” (aburrido). Cuando Carver, desesperado por ser publicado en un medio importante, decidió aceptar los cambios, Maryann le acusó “de ser una puta, de venderse al orden establecido”. Johnn Gardner le había dicho una vez a Carver que la corrección no era negociable. Carver puede haber aceptado eso – la mayoría de los escritores que desean entrar en el proceso editorial lo hacen – pero los cambios de Lish eran grandes y profundos. Carver argumentó que “una publicación en una revista importante merecía el compromiso”. Lish, que intentó sin éxito editar a Leonard Gardner (que continuaría escribiendo “Fat City”) con una mano similarmente dura, hizo lo que quiso con Carver. Fue un precursor.
¿Era Gordon Lish un buen editor? Sin duda. Curtis Johnson, un editor de libros de texto que presentó a Lish a Carver, afirma que Lish tenía “un gusto infallible por la ficción”. Pero, como había temido Maryann, fue – en el caso de Carver, por lo menos – mucho mejor descubriendo que desarrollando. Y con Carver, tuvo lo que quería. Quizás sintió una debilidad esencial en el corazón de Carver (“deseo de agradar” es como lo llaman los alcohólicos en recuperación). Quizás fue la visión extrañamente elitista que parece haber guiado la escritura de Carver, tachando a sus personajes de “terriblemente ineptos” y hablando de “su flagrante analfabetismo, del cual Carver mismo no se daba cuenta”. Esto no le detuvo a la hora de tomar crédito del éxito de Carver; se dice que Lish ha dicho que Carver fue “su criatura”, y lo que aparece en la contracubierta de “Will You Be Quiet, Please? [¿Quieres hacer el favor de callarte, por favor?]” (1976), no es la fotografía de Raymond Carver sino el nombre de Gordon Lish.
El relato de Sklenicka de los cambios en el tercer libro de relatos de Carver, “What We Talk About When We Talk About Love [De qué hablamos cuando hablamos de amor]” (1981), es meticuloso y descorazonador. Había, dice, tres versiones: A, B y C. La versión A fue el manuscrito que entregó Carver. Se titulaba “So Much Water So Closet to Home”. La B fue el manuscrito que Lish envió inicialmente de vuelta. Cambió el título de la historia “Beginners” a “What We Talk About When We Talk About Love”, y se convirtió en el nuevo título del libro. Aunque a Carver le molestó esto, sin embargo firmó un contrato vinculante (y sin agente) en 1980. Poco después, la versión C – la versión que la mayoría de los lectores conocen – llegó al escritorio de Carver. Las diferencias entre la versión B y C le “impactaron”. “Había rogado a Lish que hiciera algo con las historias”, escribe Sklenicka. “No había esperado… un cuchillo de carnicero”. Inseguro de sí mismo, Carver sólo llevaba tres años sobrio después de dos décadas de beber mucho; su correspondencia con Lish sobre los cambios indiscriminados a su trabajo se alternaban entre arrastrarse (“eres una maravilla, un genio”) y una súplica absoluta para volver a la versión B. No funcionó. De acuerdo con Tess Gallagher, Lish rechazó por teléfono recuperar la versión anterior, y si Carver no entendía nada más, entendía que Lish ostentaba el “poder de acceso a la publicación”.
Esta opción Hobson es el corazón palpitante de “Raymond Carver: A Writer’s Life”. Cualquier escritor puede preguntarse qué haría en un caso así. Ciertamente, yo lo hice; en 1973, cuando se aceptó mi primera novela para su publicación, estaba en circunstancias similares: joven, siempre borracho, intentando mantener a una mujer y dos hijos, escribiendo de noche, esperando una oportunidad. La oportunidad llegó, pero hasta que leí el libro de Sklenicka, pensé que fue el adelanto de 2500 dólares que Doubleday pagó por “Carrie”. Ahora me doy cuenta de podría haber sido no encontrarme con Gordon Lish como editor.
Uno sólo tiene que revisar los relatos en “BEginners” y los de “What We Talk About” para ver el cambio más obvio: la prosa en “Beginners” consiste en densos bloques de narración interrumpidos por explosiones de diálogo; en “What We Talk About”, hay tanto espacio en blanco que algunos de los relatos (“After the Denim”, por ejemplo) parecen casi capítulos de una novela de James Patterson. En muchos casos, el hombre no permitió a los editores cambiar su propio trabajo destruyó el de Carver, y sobre este tema Sklenicka expresa una indignación que no desea o no es capaz de mostrar en nombre de Maryann, llamando a la edición de Carver por parte de Lish una “usurpación”. Impuso su propio estilo en los relatos de Carver, y el llamado minimalismo con el que se calificó a Carver fue en realidad cosa de Lish. “Gordon… llegó a pensar que lo sabía todo”, dice Curtis Johnson. “Se convirtió en pernicioso”.
Sklenicka analiza muchos de los cambios, pero el lector sabio irá a las “Collected Stories” y los verá por sí mismo. Dos de los ejemplos más desagraadbles son “If It Please You” (“After the Denim” en “What We Talk About”) y “A Small, Good Thing” (“The Bath” en “What We Talk About”).
En “If It Please You”, James y Edith Packer, una pareja entrada en años, llega al salón de bingo local para descubrir que sus lugares habituales han sido ocupados por una joven pareja hippie. Peor aún, James observa el joven haciendo trampas (aunque no gana; su novia sí). Durante el transcurso de la noche, Edith susurra a su marido que está “manchando”. Después, de vuelta en casa, ella le dice que el sangrado es serio, y tendrá que ir al médico al día siguiente. En la cama, James lucha para rezar (una habilidad de supervivencia que James y su creador adquirieron en las reunions diarias de A.A.), primero con dudas, luego “empezando a murmurar palabras en voz alta y a rezar en serio… Rezó por Edith, para que estuviera bien”. Las oraciones no traen consuelo hasta que añade a la pareja hippie a sus meditaciones, dejando a un lado sus anteriores sentimientos amargos. La historia termina con una nota de esperanza conseguida con dificultad: “’Si esa es tu voluntad’, dijo en las nuevas oraciones por todos ellos, los vivos y los muertos”. En la versión editada por Lish, no hay oraciones y por consiguiente no hay epifanía – sólo un marido preocupado y resentido que quiere decirles a los irritantes hippies lo que ocurre “después de los tejanos”, después de los juegos. Es una reescritura total, y es un engaño.
El contraste entre “The Bath” (editado por Lish) y “A Small, Good Thing” (Ray Carver unplugged) es incluso menos agradable. En el cumpleaños de su hijo, la madre de Scotty encarga una tarta de cumpleaños que nunca se comerá. El chico es atropellado por un coche de vuelta a casa y queda en coma. En ambos relatos, el panadero efectúa llamadas para cobrar a la madre y su marido mientras su hijo yace próximo a la muerte en el hospital. El panadero de Lish es una figura siniestra, simbólica de la inevitabilidad de la muerte. Sabemos algo de él por última vez en el teléfono, todavía queriendo que le paguen. En la versión de Carver, la pareja – que en realidad son personajes en lugar de sombras – va a ver al panadero, que pide disculpas por su crueldad no pretendida cuando entiende la situación. Les da a los padres del difunto café y bollitos calientes. Los tres toman esta comunión juntos y hablan hasta que llega la mañana. “Comer es una cosa pequeña y buena en una occasion como esta”, dice el panadero. Esta versión tiene una simetría satisfactoria de la que la versión recortada de Lish carece, pero tiene algo más importante: tiene corazón.
“Lish era capaz… de sacar un muñeco de un montón de nieve” es lo que dice Sklenicka dice de su versión de los relatos de Carver, pero no es una buena metáfora. Lo hace mejor cuando hablando de los cambios de Lish a un pasaje de “They’re Not Your Husband” (en “Will You Please Be Quiet, Please?”), señalando que la versión de Lish es “peor, más basta y de algún modo empequeñece a los dos personajes”. Carver mismo lo dice mejor. Cuando el narrador de “The Fling” finalmente se enfrenta al hecho de que no tiene amor o consuelo que ofrecer a su padre, dice de sí mismo, “Yo era una superficie suave con nada dentro excepto vacío”. Definitivamente, eso es lo que está mal en las historias de Ray Carver tal y como Lish se las presentó al mundo, y lo que hace que la biografía de Sklenicka y “Collected Stories” sean un correctivo tan bienvenido y necesario.
Publicado en Sonia Unleashed
Post creado por Sonia Rodríguez
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sábado, 9 de mayo de 2009
Libros leídos en 2009 (IX): Catedral, de Raymond Carver
Acabo de terminar este libro de relatos. La verdad es que lo compré por el motivo más tonto (o quizás no). Un día en la FNAC no sé por qué, pero tuve que quedarme sola un rato esperando y cogí un libro para ir leyendo mientras. Estaba en la sección de literatura extranjera de bolsillo y cogí éste. La cuestión es que empecé el primer relato, "Plumas", y me enganchó tanto que decidí llevármelo para casa. Pasaron varios meses antes de que lo retomara de nuevo, pero esta semana lo cogí para leer antes de entrar a trabajar (no viene a cuento pero cada día tengo unos 20 minutos para leer antes de entrar), y me lo he terminado de una sentada.Son relatos normales, de gente normal a la que le pasan cosas normales o no tanto. Por ejemplo, en una de las historias un matrimonio joven va a cenar a casa de unos amigos que viven en el campo, en otra hay un matrimonio que se encarga del mantenimiento y gestión de unos apartamentos de alquiler, y se cuenta la historia de una familia que llega a vivir allí. Son historias en principio no rebuscadas, pero que acaban siéndolas porque siempre están contadas desde el punto de vista de alguien (aunque no todas están contadas en primera persona), normalmente por gente que tiene serias carencias en su vida, gente que tiene algún problema o preocupación, aunque a veces no sepa que lo tiene o que lo tendrá.
Lo que más me ha gustado de los relatos es que son ágiles e interesantes. Carver enseguida consigue meternos en el ambiente y el entorno del personaje en cuestión, y muchas veces llegamos a pensar que captamos algo que el propio personaje no capta, una especie de sensación de opresión o de vacío. En todos los relatos se respira una especie de angustia metafísica, y por eso en algunos de ellos hay escenas en las que el protagonista acaba confiándole sus problemas a alguien. Es un libro que de algún modo habla en la capacidad que tiene el ser humano de relacionarse, y quizá lo que más me ha interesado de él ha sido eso, leer sobre diferentes situaciones y diferentes maneras que tienen las personas para afrontarlas. En ese sentido me ha parecido un libro genial.
Leí en alguna parte que Raymond Carver es el padre del "realismo sucio", porque hace retratos de la otra cara del sueño americano, situaciones cotidianas. Me parece una definición muy acertada para sus relatos, son realistas pero también tristes y deprimentes.
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