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sábado, 26 de diciembre de 2009

"Ur", de Stephen King, para descargar (inglés - pdf)

Este relato lo publicó King para promocionar el nuevo Kindle de Amazon hace ya bastantes meses. A mí me olía y me huele a promoción descarada y obvia del dichoso aparatito (sólo hay que leer la sinopsis xD), así que me cuesta ponerme a leerlo. En cualquier caso, encontré el pdf por ahí, y aquí lo tenéis, por si alguien quiere leérselo en inglés.

La sinopsis:

Después de una horrible ruptura, el profesor universitario auxiliar de Inglés no parece sacarse la frase de despedida de su ex-novia de la cabeza: "¿Por qué no puedes deshacerte del ordenador como el resto de nosotros?" Incitado por su pregunta y con curiosidad por la sugerencia de un estudiante, Wesley hace un pedido de un eReader Kindle de Amazon.com. El aparato (¿rosa?) que llega en una caja estampada con el logo sonriente - vía envío urgente que no había solicitado - abre un mundo literario que ni siquiera el más ávido de los amantes de los libros podría llegar a imaginar.


Descargar "Ur", de Stephen King, en .pdf (comprimido en .rar, en inglés)

sábado, 19 de diciembre de 2009

Los mejores libros del 2009 según Stephen King

Publicado originalmente en EW, traducción de Sonia Rodríguez

Os lo dice vuestro Tío Stevie – los amantes de los libros en vuestras listas de compra os agradecerán el regalo de cualquiera de estas buenas lecturas

10. Rough Country, de John Sandford
Las novelas de misterio-suspense de Sanford son ricas exploraciones de lo que es un tipo viejo normal americano. Este cuento es intenso, satisfactorio, y con frecuencia hilarante.

9. Ravens, de George Dawes Green
Los chicos malos Shaw McBride y Romeo Zderko deciden propinarse un gran premio de lotería tomando como rehén a la familia Boatwright. Cuando Green no te hace reír, hace que te muerdas las uñas hasta el punto sangrante.

8. Gone Tomorrow, de Lee Child
Si no estáis al día con el enrevesado aventurero Jack Reacher, os habéis perdido un filón de entretenimiento escapista. En la apertura maravillosamente tensa, Reacher reconoce a un viajero del metro de madrugada que parece un terrorista suicida. Las emociones se construyen a partir de aquí. La escritura de Child es concisa y áspera.

7. Drood, de Dan Simmons
Los últimos años de Charles Dickens, narrados por su cada vez más inestable colega Wilkie Collins. Es una novela histórica bellamente realizada, pero también es un cuento moderno que hace la crónica del descenso de una gran mente a la locura estimulada por las drogas.

6. Shatter, de Michael Robotham
Mucha gente vio a la mujer desnuda saltar hacia su muerte, pero el profesor Joe O’Loughlin descubre que la dama tenía miedo a las alturas. Alguien ahí fuera se ha convertido en un arquitecto del suicidio, y pronto centra su atención en la familia O’Loughlin. El libro más lleno de suspense que he leído en todo el año.

5. 2666, de Roberto Bolano
Esta novela surrealista no puede ser descrita; tiene que ser experimentada en toda su gloria enloquecdida. Basta decir que se refiere a lo que puede ser el asesinato en masa más horrible de la vida real de todos los tiempos: unas 400 mujeres asesinadas en los alrededores de Juarez, Mexico. Con esto como telón de fondo, el difunto Bolano pinta un mural de una sociedad castigada por la pobreza que parece estar comiéndose a sí misma. ¿Y a quién le importa? A nadie, parece.

4. Midnight’s Children, de Salman Rushdie
1001 niños nacen en India en la medianoche del 15 de agosto de 1947; esta épica comedia social sigue a uno de ellos a lo largo de toda una vida de aventuras digna de Dickens.

3. Hollywood Moon, de Joseph Wambaugh
Sólo la Ciudad de los Sueños podría producir policías tan guays como Flotsam y Jetsam (policías surferos). Nate Weiss (el policía aspirante a actor), y Dana Vaughn (la mamá policía cínica de cuarenta y tantos). La mejor de las novelas de Wambaugh en Hollywood Station.

2. Revolutionary Road, de Richard Yates
Gracias a Dios que leí la novela antes de ver la película, que es una pálida imitación a pesar de sus grandes actuaciones. Ambientada en 1955, Road se enfoca en una pareja suburbana viviendo en lo que parece el sueño americano de posguerra. Pero la fantasía de Frank Wheeler de vivir como un rebelde intelectual es sólo una pose hueca, y cuando April comete el error de creer que él habla en serio de apartarse de la rutina en la que están inmersos, resulta la tragedia. Saltaos el DVD; leed el libro.

1. The Little Stranger, de Sarah Waters
Esta es una terrorífica y absorbente historia de fantasmas ambientada en la campiña inglesa no mucho después de la II Guerra Mundial, pero es mucho más. Aunque está contada con una prosa sencilla, este es un trabajo profundamente texturizado y atento. Garantizadas varias noches sin dormir.



Por Stephen King, 18 de diciembre de 2009

jueves, 17 de diciembre de 2009

La mejor televisión del 2009, según Stephen King (artículo EW)

Artículo publicado en inglés en Entertainment Weekly. Traducción por Sonia Rodríguez



Lo que sigue son las 10 mejores cosas que he visto en televisión este año. Estoy rezagado en un par de casos (sólo he llegado a la temporada 2 de House, por ejemplo), pero es porque la televisión es sólo una parte de mi vida de entretenimiento. Hay noches en que no enciendo el monstruo con ojo de cristal para nada, prefiriendo esas antiguas pero maravillosas invenciones llamadas “libros”. Y os daréis cuenta de que las sitcoms no son lo mío. Ni lo son las amas de casa cachondas con peinados de 200 dólares. Hechas esas advertencias, allá vamos.

10. Dead set. Británica y no disponible en DVD en los Estados Unidos todavía, pero si eres un fan del terror, no querrás perdértela cuando lo esté. Los zombies han invadido Inglaterra (y el resto del mundo), dejando atrapados a los concursantes que quedan de Gran Hermano en su decorado. Esta parodia de los realities de televisión es sangrienta, escabrosa y truculentamente divertida.

9. Harper’s Island. Un asesino desconocido mata a personas jóvenes y atractivas una por una en esta comedia retro. Harper’s tiene una divertida mezcla de Agatha Christie y Viernes 13… con un toque de Saw en ella. Qué vergüenza que no volverá. . Cualquier serie donde Harry Hamlin es cortado por la mitad mientras cuelga de un puente merece una renovación; creo que podrían haberlo hecho con David Hasselhoff.

8. The Rachel Maddow Show. Mientras Keith Olbermann se infla como un dirigible de furia (no sin razón), Maddow se vuelve más intuitiva. Es inteligente, divertido, e intenta tener en cuenta ambos lados de los argumentos políticos. No duele que sea guapa de una manera incomprensible.

7. FlashForward. El jurado todavía está deliberando sobre FF, pero la pregunta que subyace en el corazón de la serie - ¿están nuestras vidas regidas por el destino, coincidencia o alguna extraña combinación de las dos cosas? – me arrastra a verla semana tras semana. Desearía que dejaran de lado los montajes de música cursi, sin embargo. Si realmente siento la necesidad de verter una lágrima o dos, cortaré una cebolla en daditos y me haría una hamburguesa.

6. House. Vale, así que cada capítulo es esencialmente el mismo (crisis al final del Acto 1, el momento “¡Ajá!” de House durante el Acto 4), pero los diálogos son vibrantes, y la arrogancia de House alcanza ocasionalmente cotas Shakesperianas. El hombre es un grosero pero nunca un aburrimiento.

5. Sons of Anarchy. Tiene esa vibración de Shield (Jay Karnes, el ex–Detective Wagenbach, incluso se muestra como un pícaro agente del ATF), pero el drama está animado por una historia criminal de la clase obrera qcon reminiscencias a una serie de larga duración de mafiosos de HBO. Llámalo Los Soprano sobre Harleys. Y Ron Perlman está genial.

4. Damages. Esta energética serie de efectos especiales protagonizada por Glenn Close y la siempre impresionante Rose Byrne como dos de las más intrigantes codiciosas que han aparecido en las pantallas de la televisión americana. ¿Lo más remarcable de Damages? Las historias en sí mismas, que son complejas, tienen suspense, y a menudo son cínicas hasta la crueldad. De lejos mucho mejor que Mad Men, en la humilde opinión de vuestro Tío Stevie.

3. Lost. Mientras se mueve hacia una conclusión, este drama revolucionario ha vuelto a ganar su velocidad… y su corazón. En su mejor momento, Lost nunca ha tratado de una isla fantástica flotando sin ataduras en el tiempo; ha tratado de las personas.

2. 24. ¿La 7ª temporada fue ridícula? ¡Sí! ¿Fue la política tan aburrida como siempre? Sin duda. ¿Pero también fue fascinante, como una película de ación de la vieja escuela? Totalmente, lo fue. Kiefer Sutherland es incondicional, Mary Lynn Rajskub está tan deliciosa como un gajo de limón en un vaso de té helado, y Cherry Jones es la mejor presidenta desde Dennis (“¿Estáis en buenas manos?”) Haysbert. Lo que es fácil de pasar por alto en 24 es que tiene resueltos todos los problmemas de las series de “historia continua” al parecer sin sudar ni una gota.

1. Breaking Bad. El programa al que he llamado la mejor serie de 2008 se ha convertido ahora en la mejor del siglo XXI. El fiero retrato de Bryan Cranston del Hombre normal profesor/poco agraciado Walter White continúa impresionando, y Aaron Paul brilla como Jesse Pinkman, un aprendiz de hechicero que se ve envuelto en una sociedad letal. El creador de la serie, Vince Gilligan, ha abierto una ventana sobre un mundo donde los aviones se caen del cielo y los yonkis de la metanfetamina son aplastados bajo cajeros automáticos. BB es brillante, aterradora, impactante, y a veces para morirse de risa. Lo que comenzó como una acusación de la cultura de la droga y el maltrato en América a aquellos que caen víctimas de enfermedades catastróficas, se ha metamorfoseado en un examen del sueño americano en sí mismo: brillante y adictivo en la superficie, vacío en su interior. Y oscuro. Muy oscuro.



jueves, 3 de diciembre de 2009

Vida e historias de Raymond Carver (artículo de Stephen King sobre el autor)


Artículo publicado originalmente en el NY Times
Por Stephen King, 19 de Noviembre de 2009
Traducción por Sonia Rodríguez


Raymond Carver, seguramente el escritor americano más influyente de relatos en la segunda mitad del siglo XX, tiene una temprana aparición en la exhaustiva y a veces agotadora biografía de Carol Sklenicka, como un niño de 3 o 4 años reprimido. “Bueno, por supuesto que tenía que tenerlo atado”, dijo mucho después su madre, Ella Carver – y al parecer sin ironía.

La Sra. Carver podría estar en lo cierto. Como los bebedores perplejos de clase media-baja que pueblan sus historias, Carver nunca ha parecido saber donde estaba o por qué estaba allí. Me recordaba constantemente a un pasaje de “Ghost Story [Fantasmas]” de Peter Straub: “El hombre sólo conducía, distraído por este interminable culebrón de los estratos bajos de América”.

Nacido en Oregon en 1938, Carver pronto se trasladó con su familia a Yakima, Wash. En 1956, los Carver se reubicaron en Chester, California. Un año después, Carver y un par de amigos estaban de juerga en México. Después de eso las mudanzas se aceleraron: Paradise, California; Chico, California; Iowa City, Sacramento, Palo Alto, Tel Aviv, San Jose, Santa Cruz, Cupertino, Humboldt County… y eso nos lleva sólo hasta 1977, el año en que Carver se tomó su última copa.

A lo largo de la mayoría de esos primeros años de viaje sin descanso, arrastró a sus dos hijos y su sufrida mujer, Maryann, la heroína a menudo no reconocida del cuento de Sklenicka, detrás de él como latas atadas al parachoques de un viejo coche que ningún vendedor de coches en su sano juicio aceptaría. No es ninguna sorpresa que sus amigos le llamaran ‘Running Dog’. O que cuando su madre lo llevó al centro de Yakima, lo retuviera atado.

Tan brillante y talentoso como era, Ray Carver fue también el tipo de bebedor destructivo y apasionado que toca fondo, y luego empieza a excavar más profundamente. Desde hace mucho en A.A. [Alcohólicos Anónimos] se sabe que los borrachos como Carver son practicantes expertos de la cura geográfica, rechazando reconocer que si pones un bebedor fuera de control en un avión en California, va a bajarse un bebedor fuera de control en Chicago. O Iowa. O México.

Y hasta mediados de 1977, Raymond Carver estuvo fuera de control. Mientras enseñaba en el Iowa Writer’s Workshop, él y John Cheever se hicieron colegas de borracheras. “Él y yo no hacíamos nada que no fuera beber”, dijo Carver en el semestre de otoño de 1973. “No creo que ninguno de nosotros levantara siquiera la funda de nuestras máquinas de escribir”. A causa de que Cheever no tenía coche, Carver proporcionaba transporte para sus carreras alcohólicas dos veces a la semana. Les gustaba llegar a la licorería justo cuando el dependiente abría. Cheever apuntó en su diario que Carver era “un hombre muy amable”. También era un borrachín irresponsable que se iba sin pagar en los restaurantes, incluso aunque él debía haber sabido que era la camarera la que tenía que pagar la cuenta por los clientes que se iban antes de pagar la cuenta. Su mujer, después de todo, a menudo atendía mesas para mantenerle.


Raymond Carver y Maryann Burk Carver


Era Maryann Burk Carver la que se ganaba el pan en aquellos primeros días mientras Ray bebía, pescaba, iba a la escuela y empezaba a escribir las historias que una generación de críticos y profesores clasificaría erróneamente como “minimalismo” o “realismo sucio”. El talento literario a menudo corre por su propio circuito (como atestigua “Raymond Carver: Collected Stories” de Library of America), pero los escritores cuyos trabajos brillan con perspicacia y misterio son a menudo monstruos prosaicos en su casa.

Maryann Burk conoció al amor de su vida – o su Némesis; Carver parece haber sido ambas cosas – en 1955, mientras trabajaba en el mostrador de una tienda Spudnut, en Union Gap, Wash. Tenía 14 años. Cuando ella y Carver se casaron en 1957, estaba a escasos dos meses de su 17 aniversario y embarazada. Antes de cumplir 18, descubrió que estaba embarazada de nuevo. Durante el siguiente cuarto de siglo mantuvo a Ray como camarera de cocktail, recepcionista en un restaurante, vendedora de enciclopedias y profesora. Al principio del matrimonio empacó fruta durante dos semanas para comprarle su primera máquina de escribir.

Ella era hermosa; él era corpulento, posesivo y a veces violento. En el punto de vista de Carver, sus propias infidelidades no excusaban las de ella. Después de que Maryann se entregara a un “flirteo achispado” en una cena de una fiesta en 1975 – en esa época el alcoholismo de Carver había alcanzado la etapa de pleno desarrollo – le golpeó la cabeza con una botella de vino, cortando una arteria cerca de su oreja y casi matándola. “Necesitaba una ‘ilusión de libertad’”, escribe Sklenicka, “pero no podía soportar el pensamiento de ella con otro hombre”. Es uno de los pocos puntos en su admirable biografía en el que Sklenicka muestra simpatía real por la mujer que mantuvo a Carver y al parecer nunca dejó de amarle.

Aunque Sklenicka muestra algo parecido a admiración por Carver el escritor, y claramente entiende la influencia deformadora que el alcohol tuvo en su vida, se muestra casi exenta de juicio en lo que se refiere a Carver el marido borracho malvado y desagradecido (por no mencionar peligroso). Cita a la novelista Diane Smith (“Letters From Yellowstone”) diciendo, “Fue una mala generación de hombres”, y casi lo deja así. Cuando cita a Maryann llamándose a sí misma una “Cenicienta literaria, viviendo en el exilio por el bien de la carrera de Carver”, la primera Sra. Carver pasa más como otra quejita ex-mujer más que como la incondicional que indudablemente fue. Ray y Maryann estuvieron casados durante 25 años, y fue durante esos años que Carver escribió el grueso de su trabajo. El tiempo que pasó con la poetisa Tess Gallagher, la otra mujer importante de su vida, fue menos de la mitad.

Sin embargo, fue Gallagher la que cosechó los beneficios personales de la sobriedad de Carver (tomó su último trago un año antes de que se enamoraran) y los financieros también. Durante los trámites de divorcio, el abogado de Maryann dijo – esto a la vez me atormenta y hasta cierto punto contamina mi disfrute de las historias de Carver – que sin un acuerdo decente en el juicio, la vida post-divorcio de Maryann Burk Carver hubiera sido “como una bolsa de pomos que no abrirían nunca ninguna puerta”.

La respuesta de Maryann fue, “Ray dice que enviará dinero todos los meses, y le creo”. Carver cumplió esa promesa, aunque no sin una buena cantidad de gruñidos. Pero cuando murió en 1988, la mujer que le había mantenido al principio descubrió que se le había recortado el reparto de los continuos beneficios financieros de las populares recopilaciones de relatos de Carver. Los ahorros de Carver totalizaban casi 215000 dólares en el momento de su muerte; Maryann se quedó con cerca de 10000. La madre de Carver consiguió todavía menos: a la edad de 78, estaba viviendo en una residencia pública en Sacramento y ganándose la vida a duras penas como “profesora auxiliar” en una escuela elemental. Sklenicka no llama a esto un tratamiento mezquino, pero estoy contento de hacerlo por ella.

Como crónica del crecimiento como escritor de Carver el libro de Sklenicka es inestimable, particularmente después de que su sendero profesional se cruzara con el del editor Gordon Lish, el “Capitán Ficción” de estilo propio. Cualquier lector que dude la torva influencia de Lish en las historias de “De qué hablamos cuando hablamos de amor” será capaz de pensar de forma diferente después de leer el relato revelador de Sklenicka de esta relación difícil y definitivamente venenosa. Aquellos que todavía no estén convencidos pueden leer las historias correspondientes en “Beginners”, ahora disponible en el excelsamente portátil y extenso “Raymond Carver: Collected Stories”.

En 1972, Lish cambió el título de la segunda historia de Carver en Esquire – que editó mucho- de “Are These Actual Miles?” (interesante y misterioso) a “What is It?” (aburrido). Cuando Carver, desesperado por ser publicado en un medio importante, decidió aceptar los cambios, Maryann le acusó “de ser una puta, de venderse al orden establecido”. Johnn Gardner le había dicho una vez a Carver que la corrección no era negociable. Carver puede haber aceptado eso – la mayoría de los escritores que desean entrar en el proceso editorial lo hacen – pero los cambios de Lish eran grandes y profundos. Carver argumentó que “una publicación en una revista importante merecía el compromiso”. Lish, que intentó sin éxito editar a Leonard Gardner (que continuaría escribiendo “Fat City”) con una mano similarmente dura, hizo lo que quiso con Carver. Fue un precursor.

¿Era Gordon Lish un buen editor? Sin duda. Curtis Johnson, un editor de libros de texto que presentó a Lish a Carver, afirma que Lish tenía “un gusto infallible por la ficción”. Pero, como había temido Maryann, fue – en el caso de Carver, por lo menos – mucho mejor descubriendo que desarrollando. Y con Carver, tuvo lo que quería. Quizás sintió una debilidad esencial en el corazón de Carver (“deseo de agradar” es como lo llaman los alcohólicos en recuperación). Quizás fue la visión extrañamente elitista que parece haber guiado la escritura de Carver, tachando a sus personajes de “terriblemente ineptos” y hablando de “su flagrante analfabetismo, del cual Carver mismo no se daba cuenta”. Esto no le detuvo a la hora de tomar crédito del éxito de Carver; se dice que Lish ha dicho que Carver fue “su criatura”, y lo que aparece en la contracubierta de “Will You Be Quiet, Please? [¿Quieres hacer el favor de callarte, por favor?]” (1976), no es la fotografía de Raymond Carver sino el nombre de Gordon Lish.

El relato de Sklenicka de los cambios en el tercer libro de relatos de Carver, “What We Talk About When We Talk About Love [De qué hablamos cuando hablamos de amor]” (1981), es meticuloso y descorazonador. Había, dice, tres versiones: A, B y C. La versión A fue el manuscrito que entregó Carver. Se titulaba “So Much Water So Closet to Home”. La B fue el manuscrito que Lish envió inicialmente de vuelta. Cambió el título de la historia “Beginners” a “What We Talk About When We Talk About Love”, y se convirtió en el nuevo título del libro. Aunque a Carver le molestó esto, sin embargo firmó un contrato vinculante (y sin agente) en 1980. Poco después, la versión C – la versión que la mayoría de los lectores conocen – llegó al escritorio de Carver. Las diferencias entre la versión B y C le “impactaron”. “Había rogado a Lish que hiciera algo con las historias”, escribe Sklenicka. “No había esperado… un cuchillo de carnicero”. Inseguro de sí mismo, Carver sólo llevaba tres años sobrio después de dos décadas de beber mucho; su correspondencia con Lish sobre los cambios indiscriminados a su trabajo se alternaban entre arrastrarse (“eres una maravilla, un genio”) y una súplica absoluta para volver a la versión B. No funcionó. De acuerdo con Tess Gallagher, Lish rechazó por teléfono recuperar la versión anterior, y si Carver no entendía nada más, entendía que Lish ostentaba el “poder de acceso a la publicación”.

Esta opción Hobson es el corazón palpitante de “Raymond Carver: A Writer’s Life”. Cualquier escritor puede preguntarse qué haría en un caso así. Ciertamente, yo lo hice; en 1973, cuando se aceptó mi primera novela para su publicación, estaba en circunstancias similares: joven, siempre borracho, intentando mantener a una mujer y dos hijos, escribiendo de noche, esperando una oportunidad. La oportunidad llegó, pero hasta que leí el libro de Sklenicka, pensé que fue el adelanto de 2500 dólares que Doubleday pagó por “Carrie”. Ahora me doy cuenta de podría haber sido no encontrarme con Gordon Lish como editor.

Uno sólo tiene que revisar los relatos en “BEginners” y los de “What We Talk About” para ver el cambio más obvio: la prosa en “Beginners” consiste en densos bloques de narración interrumpidos por explosiones de diálogo; en “What We Talk About”, hay tanto espacio en blanco que algunos de los relatos (“After the Denim”, por ejemplo) parecen casi capítulos de una novela de James Patterson. En muchos casos, el hombre no permitió a los editores cambiar su propio trabajo destruyó el de Carver, y sobre este tema Sklenicka expresa una indignación que no desea o no es capaz de mostrar en nombre de Maryann, llamando a la edición de Carver por parte de Lish una “usurpación”. Impuso su propio estilo en los relatos de Carver, y el llamado minimalismo con el que se calificó a Carver fue en realidad cosa de Lish. “Gordon… llegó a pensar que lo sabía todo”, dice Curtis Johnson. “Se convirtió en pernicioso”.
Sklenicka analiza muchos de los cambios, pero el lector sabio irá a las “Collected Stories” y los verá por sí mismo. Dos de los ejemplos más desagraadbles son “If It Please You” (“After the Denim” en “What We Talk About”) y “A Small, Good Thing” (“The Bath” en “What We Talk About”).

En “If It Please You”, James y Edith Packer, una pareja entrada en años, llega al salón de bingo local para descubrir que sus lugares habituales han sido ocupados por una joven pareja hippie. Peor aún, James observa el joven haciendo trampas (aunque no gana; su novia sí). Durante el transcurso de la noche, Edith susurra a su marido que está “manchando”. Después, de vuelta en casa, ella le dice que el sangrado es serio, y tendrá que ir al médico al día siguiente. En la cama, James lucha para rezar (una habilidad de supervivencia que James y su creador adquirieron en las reunions diarias de A.A.), primero con dudas, luego “empezando a murmurar palabras en voz alta y a rezar en serio… Rezó por Edith, para que estuviera bien”. Las oraciones no traen consuelo hasta que añade a la pareja hippie a sus meditaciones, dejando a un lado sus anteriores sentimientos amargos. La historia termina con una nota de esperanza conseguida con dificultad: “’Si esa es tu voluntad’, dijo en las nuevas oraciones por todos ellos, los vivos y los muertos”. En la versión editada por Lish, no hay oraciones y por consiguiente no hay epifanía – sólo un marido preocupado y resentido que quiere decirles a los irritantes hippies lo que ocurre “después de los tejanos”, después de los juegos. Es una reescritura total, y es un engaño.

El contraste entre “The Bath” (editado por Lish) y “A Small, Good Thing” (Ray Carver unplugged) es incluso menos agradable. En el cumpleaños de su hijo, la madre de Scotty encarga una tarta de cumpleaños que nunca se comerá. El chico es atropellado por un coche de vuelta a casa y queda en coma. En ambos relatos, el panadero efectúa llamadas para cobrar a la madre y su marido mientras su hijo yace próximo a la muerte en el hospital. El panadero de Lish es una figura siniestra, simbólica de la inevitabilidad de la muerte. Sabemos algo de él por última vez en el teléfono, todavía queriendo que le paguen. En la versión de Carver, la pareja – que en realidad son personajes en lugar de sombras – va a ver al panadero, que pide disculpas por su crueldad no pretendida cuando entiende la situación. Les da a los padres del difunto café y bollitos calientes. Los tres toman esta comunión juntos y hablan hasta que llega la mañana. “Comer es una cosa pequeña y buena en una occasion como esta”, dice el panadero. Esta versión tiene una simetría satisfactoria de la que la versión recortada de Lish carece, pero tiene algo más importante: tiene corazón.

“Lish era capaz… de sacar un muñeco de un montón de nieve” es lo que dice Sklenicka dice de su versión de los relatos de Carver, pero no es una buena metáfora. Lo hace mejor cuando hablando de los cambios de Lish a un pasaje de “They’re Not Your Husband” (en “Will You Please Be Quiet, Please?”), señalando que la versión de Lish es “peor, más basta y de algún modo empequeñece a los dos personajes”. Carver mismo lo dice mejor. Cuando el narrador de “The Fling” finalmente se enfrenta al hecho de que no tiene amor o consuelo que ofrecer a su padre, dice de sí mismo, “Yo era una superficie suave con nada dentro excepto vacío”. Definitivamente, eso es lo que está mal en las historias de Ray Carver tal y como Lish se las presentó al mundo, y lo que hace que la biografía de Sklenicka y “Collected Stories” sean un correctivo tan bienvenido y necesario.




Publicado en Sonia Unleashed
Post creado por Sonia Rodríguez

lunes, 16 de noviembre de 2009

El Mercado de San Antonio y compras de libros



No sé si conocéis Barcelona, pero si no es así, que sepais que si algún día la visitais y pasais un domingo en la ciudad, el Mercado de Sant Antoni puede ser un lugar ideal para divertiros.

Durante la semana, en este mercado se vende ropa y comida. Pero el domingo por la mañana es una especie de rastro gigante donde se venden y compran libros usados, revistas, videojuegos, cromos y cualquier objeto de coleccionismo que se pueda imaginar. Además, y alrededor de él, se reúnen grupos de personas que intercambian cromos de las colecciones más famosas. Es algo muy divertido de ver, y en la zona de libros nos solemos encontrar cosas interesantes.

En concreto, ayer nos topamos con estos libros, todos de segunda mano menos el último de la fila de abajo (que aunque lo compré hace poco, no es del Mercat)



- Joe HIll - Fantasmas - Aunque no quedé muy convencida con "El traje del muerto", su primera novela publicada en castellano, vi que esta colección de relatos estaba en su edición de bolsillo a 4 euros, y nada, pues que hay que darle otra oportunidad.

- Horror 2 - recopilación de relatos de horror de varios autores - Pues eso, relatos de Stephen King, y de muchos otros, entre ellos Peter Straub y Dan Simmons. Uno nunca sabe donde encontrará a su próximo escritor favorito.

- Ojos de Fuego - Stephen King - la edición nos hizo gracia, y como de momento no encontramos ninguna por casa, teníamos que volver a completar la colección de King.

- El Castillo de Lord Valentine - Robert Silverberg - Como me encantó su novela Por el tiempo, pensé que me gustaría leer alguna cosa más. Este libro parece bueno, así que a ver qué tal.

- Earthbound - Richard Matheson - En inglés, y otra de mis adquisiciones, de cara a hacerme con la bibliografía completa de este gran escritor. Adquirido a través de Amazon por un precio muy razonable.

También, estos días, nos ha llegado la Collector's Edition de Under the Dome, de Stephen King. Estoy empezando a leerlo, pero es un tochaco de impresión. También lo compré por Amazon.



Y nada, que si os venís a Barcelona, no dejéis de visitar este mercado. Es, cuanto menos, muy curioso de ver. Y siempre te llevas algo.

martes, 10 de noviembre de 2009

Stephen King habla de sus 'tochos'

King sobre King

Por Gilbert Cruz

Publicada originalmente en Time, traducción por Sonia Rodríguez


El autor Stephen King tiene una reputación con los libros grandes. No grandes al estilo Tom Wolfe, grandes “al modo en que vivimos ahora”, sino grandes como en “este libro es literal y físicamente enorme”. Es una reputación que no parece molestarle. El último de King, Under the Dome, es un tercera novela más grande.

King ha hablado con TIME acerca de sus diez libros más grandes, reflexionando sobre las circunstancias en las que fueron escritos y la recepción crítica que provocaron. La lista de libros y su número de páginas ha sido proporcionada por la oficina de King y se refiere a las ediciones americanas de tapa dura. No incluye libros co-escritos con otros autores ni ninguna de las siete partes de la saga de La Torre Oscura, que típicamente considera como un libro largo, al estilo de El Señor de los Anillos.

Apocalipsis: 1153 páginas

It: 1138 páginas

Under the Dome: 1072 páginas

Insomnia: 787 páginas

Desesperación: 690 páginas

La Tienda: 690 páginas

Dreamcatcher (El cazador de sueños): 620 páginas

Duma Key: 607 páginas

Tommyknockers: 558 páginas

Un saco de huesos: 529 páginas

Apocalipsis: La edición completa y sin cortes, 1990

En 1990, King republicó su cuento épico de una supergripe que acaba con el 99.9 % de la población mundial. La nueva versión del libro (1153 páginas) es unas 400 páginas más larga que la original publicada en 1978.

King: Me molestó mucho que esas páginas se cortaran. Doubleday tenía un factor que limitaba físicamente aquellos días a causa de que usaban una encuadernación de pegamento en lugar de una cosida, y el modo en que me lo explicaron fue que lo harían tan grueso como se pudiera sin que se separara el pegamento. Y eso significaba sacar el libro en dos volúmenes, y no querían hacer eso. Así que mi editor vino y me dijo, “Tenemos que cortar este libro en 400 páginas. Y esa es la razón. No tiene nada que ver con la calidad. Después mostré esas páginas cortadas a un editor y dijo, “Sabes, podríamos rehacer este libro, podríamos republicarlo como Apocalipsis sin cortes. Y realmente me senté y escribí el libro de nuevo. Tenía a un lado el manuscrito de una máquina de escribir IBM Selectric y en el otro tenía las páginas de un libro que había desencuadernado. Y empecé por el principio y actualicé las fechas y escribí material nuevo. Pero cuando pienso sobre eso, pienso para mí, “Jesús, fue mucho trabajo”.

Cuando murió Robert Bloch, la única cosa que podía recordar de él fue que escribió Psicosis, que se convirtió en la famosa película de Alfred Hitchcock. Y cada vez que me presentan, soy el tipo que escribió Apocalipsis. Cuando mi nombre sale en los blogs ahora mismo, normalmente es con relación a la H1N1: “¡Fue el tipo que pensó en la gripe!”

It, 1986

La historia de una antigua criatura asesina de niños que vive en las alcantarillas bajo la ciudad embrujada de Derry, It (1138 páginas) es el libro-sumidero de King. Payasos malvados, arañas gigantes, cuencas oculares andantes – completamente.

King: Recuerdo leer muchas críticas en aquella época, y mucho material sobre mi trabajo, hablando acerca de cómo era un novelista de horror y un escritor de horror. Me preguntaban, “¿Qué ocurrió en tu infancia que hace que quieras escribir esas cosas terribles” No era capaz de pensar en una respuesta de verdad para eso. Y pensaba para mí, “¿Por qué no escribes un examen final en horror, y pones ahí todos los monstruos a los que todo el mundo tiene miedo cuando es niño? Pon a Frankenstein, el hombre lobo, el vampiro, la momia, las criaturas gigantes que se comían Nueva York en las viejas películas de serie B. Júntalos todos. Y pensé, “¿Cómo vas a hacer eso?” y dije, “Bueno, voy a hacerlo como si fuera un cuento de hadas. Voy a construir una ciudad donde ocurran estas cosas y todo el mundo las ignore”.

Llegó un momento en que le dije a Tabby, “Quiero escribir este libro, pero vivimos en el campo, y quiero escribir sobre una ciudad, una ciudad embrujada por completo, así que deberíamos mudarnos a Pórtland o Bangor”. Y miramos ambas, y supe pronto que Bangor, si Tabby estaba de acuerdo, sería el lugar correcto al que ir, porque era una ciudad fuerte que tenía una historia real. Así que merodeé por la ciudad durante todo un otoño, y pregunté a la gente qué sabía sobre varios lugares que quería incorporar en el libro. Y escuché las historias.

No me importaba cual fuera la verdad, veréis. Me importaba lo que creía la gente. Me importaban las historias que habían pasado de generación en generación. Y lo que recuerdo más claramente de aquel otoño era caminar entre los dos cementerios de Bangor que son muy pintorescos, pero vas caminando colina abajo y ves todas las flores podridas que han caído en las zanjas. Y tienen como tres, cuatro o cinco pasos de profundidad. El olor es asqueroso. Y pensé, “Sí, quiero poner esto en el libro también”.

Under the Dome, 2009

King intentó escribir Under the Dome (1072 páginas) en 1976. El libro, que trata de una ciudad que repentinamente se descubre a sí misma atrapada bajo una cúpula traslúcida e impenetrable, deja traslucir un trasfondo político de la frustración de King con la última Administración Bush.

King: Estaba enfadado por la incompetencia. Obviamente estoy a la izquierda del centro. No creía que hubiera justificación para ir a la guerra en Irak. Y a la vez parecía, que después del 11-S, la Administración Bush era como un niño enfadado que fuera calle abajo y no pudiera descubrir qué imbécil le ha dado un puñetazo, y entonces se diera la vuelta y pegase un puñetazo al primero que pareciera sospechoso. A veces la gente totalmente inadecuada puede estar en el poder en un momento en que realmente necesitas a la gente adecuada. Puse mucho de eso en el libro. Pero cuando empecé dije, “Quiero utilizar la dinámica Bush-Cheney para las personas que son líderes en esta ciudad”. Como resultado, tienes a Big Jim Rennie, el malo de la obra. Es como el otro tipo, Andy Sanders. No era activamente malo, sólo incompetente – que es como siempre he percibido a George W. Bush.

Insomnia, 1994

Después de la publicación de Insomnia (787 páginas) – sobre un viejo que, al sufrir de insomnio, empieza a ver hombrecillos con tijeras corriendo por la ciudad – King montó en una Harley y condujo por todo el país en un tour de 10 ciudades. El viaje pretendía ayudar a promocionar librerías independientes después de una ola de descuentos en tiendas en cadena como Barnes&Noble.

King: Es preocupante a causa de lo que está ocurriendo ahora con Walmart y Amazon y Target, recortando sus precios, han convertido a las cadenas de tiendas en alternativas. Y las librerías independientes están realmente tirándose de los pelos. Cuando escuchas a Borders decir cosas como, “Bueno, no estamos preocupados por el recorte de precios porque es importante para nosotros proporcionar la experiencia completa de librería”, digo, “Oh Dios mío, esto suena a Johnson hablando de la victoria en Vietnam”. Noc reo que al consumidor americano le importe mucho la experiencia de librería. Les importa conseguir el libro de Michael Connelly que quieren, o el libro de Sarah Palin – si es que están metidos en eso, sabes. Creo que James Patterson, por quien normalmente no tengo mucho respeto, lo dijo mejor. Dijo que están devaluando las joyas de la corona, ¿y quién sabe qué ocurrirá después?

TIME: Una vez escribiste acerca de novelas con borrador versus novellas sin borrados, y escribiste que Insomnia tenía borrador y que, en retrospectiva, encontraste el resultado como “particularmente poc inspirado”.

King: Cuando haces un borrador de una novela, particularmente cuando intentas que una novela se adecúe a una conclusión que ya conoces de antemano, sabes cómo va a terminar un libro. Y si sientes que ese libro quiere ir en una dirección diferente, lo conduces de vuelta a ese camino predeterminado bajo tu cuenta y riesgo. Es mejor dejar que el libro sea el jefe. Recuerdo la sensación de decir, “Estoy torciendo esto para mis propios propósitos”. Era un libro que tenía un tipo malo que realmente quería salirse del tema, y no le dejé hacerlo. Hice que hiciera lo que yo quería. Como resultado, fue difícil de creer para mí. Y si no puedo creer una de estas cosas, no puedo esperar que los lectores las crean porque, afrontémoslo, son poco probables de todos modos.

Desesperación, 1996

En el mismo año que salió su exitosa novela por entregas de seis partes, La Milla Verde, King publicó dos novelas adicionales el mismo día de septiembre - Posesión (bajo el nombre del ya hace tiempo retirado seudónimo de King, Richard Bachean) y Desesperación (690 páginas), sobre un mal arcano que toma una ciudad apartada de Nevada. Los dos libros tenían imágenes reflejadas y distorsionadas el uno del otro, mostrando el mismo reparto de personajes en diferentes situaciones. Desesperación juega con la idea de un ausente, y a veces cruel, Dios.

King: Crecí en un hogar religioso, y realmente quería darle a Dios lo que le debía en este libro. Demasiado a menudo, en novelas de lo sobrenatural, Dios es algo así como una sustancia del tipo de la Criptonita, o como el agua bendita para un vampiro. Sólo sacas a Dios, y dices “en su nombre”, y la cosa mala desaparece. Pero Dios como una fuerza real en las vidas humanas es algo mucho más complejo que eso. Y quería decir eso en Desesperación. Dios no siempre hace que ganen los Buenos. Siempre he querido decir que aún puedes hacerte a la idea de que las cosas no van a ir necesariamente bien sin caer en tópicos como “Dios tiene un plan” y “Esto es por un bien mayor”. Es posible sufrir y aún así creer que hay alguna fuerza del bien en el universo. Eso ciertamente no significa decir que todo el mundo debiera ir a la Primera Iglesia Unida de Mi Dios es Más Grande que el Tuyo. Eso es la mita de los problemas del mundo. Puede que más.

La Tienda, 1991

King ha ambientado varias de sus novelas (La Zona Muerta, Cujo, La mitad oscura) en la ciudad de Castle Rock, Maine, en esa época salió La Tienda (690 páginas). En esta novela, borra del mapa la ciudad después de que un hombre que puede o no puede ser el diablo abre una tienda que ofrece a los residentes de Castle Rock cualquier cosa que deseen sus corazones – por un precio.

King: De todos los libros que he escrito que han tenido malas críticas – y ha habido algunos que las han tenido – diría que estoy muy decepcionado en este por no haber tenido éxito con la crítica. La idea para el libro vino de repente. Pensé, “Qué pasaría si alguien llegase a esta ciudad y obligase a esta gente a hacer cosas malas como travesuras [unos a los otros] para conseguir cosas que realmente querían. Lo cual resultaba ser, pensaba, una sátira de toda la ética de Ronald Reagan de “la codicia es buena, el consumismo es bueno”. Para mí, era un concepto hilarante. Y el modo en que salió fue divertido, a un estilo de comedia negra. Realmente satirizaba esa idea americana de que es bueno tener todo lo que quieras. No creo que lo sea.

Dreamcatcher [El Cazador de Sueños], 2001

En 1999, King fue atropellado por una furgoneta mientras caminaba cerca de su casa en Maine y estuvo cerca de morir. En 2001 publicó Dreamcatcher (620 páginas), su primera novela tras el accidnete y una historia de cuatro amigos que se encontraban para su viaje de caza annual y resultaban terminar en medio de una invasión alienígena. Muchos se sintieron asqueados por una de las criaturas del libro, que crece dentro del estómago de su víctima y luego sale… por la parte de atrás.

King: Sentía dolor todo el tiempo [mientras escribía ese libro]. No pude teclear para escribir ese libro en un ordenador o máquina de escribir. Estaba en una silla con almohadas a ambos lados, particularmente en el derecho, donde mi cadera dolía todo el tiempo y la pierna me ardía. No dormía muy bien. Tomaba un montón de calmantes que no ayudaban mucho. Y al mismo tiempo, el libro me transportaba cuando tenía oportunidad de escribirlo. Nunca había leído una historia sobre algo terrible que ocurriera alrededor de las funciones delbaño, funciones de eliminación. Y quería hacer eso porque se me ocurrió que muchas de las noticias terribles que recibimos en nuestras vidas, las recibimos en el bao. Ya sea porque descubrimos un bulto o porque hay sangre en el desagüe o incluso cuando miras el espejo y dices, “¡Mierda, hombre, me estoy quedando calvo!” Todas esas cosas ocurren en el cuarto de baño. Nadie está tan indefenso como cuando está en el baño, con los pantalones bajados.

Duma Key, 2008

Desde El Resplandor hasta Misery y La Mitad Oscura, los escritores han sido protagonistas de muchas novelas de King. En Duma Key (607 páginas), mira el potencial de las artes visuals para lo macabre. La novela está protagonizada por Edgar Freemantle, un ejecutivo de la construcción que pierde su brazo en un accidente y descubre que ha ganado la habilidad de afectar a la realidad a través de sus cuadros. Oh, y hay algunas niñas muertas aterradoras también.

King: Tenía que escribir Duma Key desde la perspective de alguien que no sabe dibujar un gato. Quiero decir, podría dibujarte un gato, pero no sabrías lo que es a menos que te lo dijera. Así que fue realmente un caso de realización de deseos. Si Desesperación es un libro que está lleno de dolor e infelicidad, Duma Key es un libro donde en realidad hay esperanza, porque me sentía en un lugar más esperanzador. Los dos libros son realmente las polaridades de mi recuperación del accidente. Me estaba sintiendo mucho mejor en el momento que escribí Duma Key, y creo que se muestra en el libro.

Tommyknockers, 1987

La tercera publicación de 1987, después de Los ojos del dragón y Misery, Tommyknockers (558 páginas) es el primer intento de novela extensa del autor como una historia de aliens que invaden la tierra. Después de que una escritora descubre un trozo de metal sobresaliendo de la tierra en el bosque detrás de su casa, empieza a cavar y cavar y cavar.

King: Fue otro caso de un libro que había intentado escribir hacía mucho. Tuve la idea del tipo tropezando con el plato volador cuando era profesor en la universidad. Tenía 15 o 20 páginas y paré. No recuerdo por qué. Creo que fue probablmenete como Under the Dome. El lienzo era demasiado grande. Así que lo dejé. Las páginas terminaron Dios sabe donde. Años después la idea volvió y tuve que retomar el concepto.

Puedo recordar empezar el libro pensando, “Si tengo a estas dos personas y son capaces de sacar este plato volador del suelo y hacerlo volar, entonces pueden decidir que van a ser sheriffs de la paz mundial y descubren que hacen un trabajo terrible en eso, porque el poder corromple y el poder absoluto corrompe de forma absoluta. Pero resultó no ser así.

Un saco de huesos, 1998

La historia de un novelista popular que sufre el bloqueo del escritor después de la muerte de su esposa, Un saco de huesos (529) fue noticia cuando King decidió dejar a su editorial de mucho tiempo, Viking, por Scribner, que fue una vez la editorial de Ernest Hemingway y F. Scott Fitzgerald. Un saco de huesos, una historia de fantasmas que debe mucho a la novela de romance Rebecca de Daphne du Maurier, es uno de los primeros libros de King comercializados como literatura además de ser una historia de terror.

King: Salí de Viking, porque vino Phyllis Grann de Putnam, y trajo con ella a Tom Clancy, que vendía más libros que yo. Había la sensación de que Viking no podía mantener a dos escritores caros. Y fui el que se marchó. Enn terminus de pérdidas y ganancias, tenía sentido, aunque Clancy pareció perderse de vista. Pero las personas con las que todavía trato en Scribner eran personas que estaban más interesadas en el libro que en la reputación del escritor, que era una reputación de novelucha en ese momento. Les di mucho crédito. Hasta cierto punto, rehabilitaron mi reputación.

lunes, 9 de noviembre de 2009

'El secreto del picoteo en la cultura popular', columna de Stephen King en EW (26/10/09)

El secreto del picoteo en la cultura popular
Por Stephen King, 26 de octubre de 2009
Publicado originalmente en EW Traducción a cargo de Sonia Rodríguez

Del departamento increíble-pero-cierto: Desde que mi mundialmente conocida columna de los “snacks de películas” apareció cierto número de personas que ha pedido a vuestro Tío Stevie consejo sobre su dieta. Yo, un tipo que nunca ha conocido una caloría de grasa (preferiblemente bien frita) que no le gustara. Al principio pensé que dar tal consejo no se adecuaría a la descripción de mi puesto de trabajo como comentarista de la escena de la cultura popular, pero después de algunas consideraciones, he decidido que sí. Porque ponerse al corriente de la cultura popular es en su mayor parte una cosa que haces sentado, ¿correcto? Y si estás mirando televisión, escuchando música, o yendo a ver películas, quieres comer, ¿correcto? Así que la pregunta entonces es, “Tío Stevie, ¿cómo mantengo mi nivel de cultura popular sin convertirme en un luchador de sumo que sabe cada palabra de la canción de La Familia Brady?

Afortunadamente para vosotros, tengo algunos trucos – material que sacaría a Weight Watchers del negocio. Estoy corriendo un riesgo aquí; la Policía de la Dieta seguramente intentaré calumniarme y desacreditarme en la prensa, pero por vosotros tíos (dijo modestamente) voy a asumir el riesgo.



Primero, conoced a vuestro enemigo: la insidiosa caloría. Tenéis que limitar vuestra ingesta de esas pequeñas bestias. ¿Pero eso significa que tengáis que limitar vuestros snacks? No. Sólo recordad dar golpecitos a vuestra comida. Cuando os sentéis ante FlashForward o Lost con unos pocos donuts (“unos pocos”, por definición, son seis), recordad golpear cada uno sobre una superficie dura antes de empezar a mascar. Hacer esto provoca que las calorías vayan hacia abajo (es simple gravedad). Entonces, cuando comáis vuestro donut, simplemente recordad no comer la parte de abajo. Tiradla (o dádsela de comer al perro), porque ahí es donde están las calorías. El resto de vuestro donut está libre de ellas.

Podéis golpear una gran cantidad de snacks sabrosos: palomitas, brownies (si son lo bastante duros como para golpearlos sin que se deshagan en pedacitos), incluso barritas de helado (se necesitan golpes más fuertes para desplazar las calorías). El golpear no funcionará con pasteles y tartas, pero afortunadamente para el snacker devoto, los pasteles y tartas son lo que los expertos nutricionistas llaman bienes horneados, y cuando algo está horneado, las calorías se retraen del calor y se colocan en el centro. Así, cuando os servís un buen y gran trozo de pastel, sólo recordad cortar el extremo puntiagudo, porque ahí es donde están las calorías. Cuando estéis disfrutando de pastel de ángel o bizcocho Bundt, cortad alrededor del círculo central y tiradlo. El resto del pastel está libre de calorías (excepto por el glaseado, pero no podéis tenerlo todo).

Oh, y nunca compréis golosinas a granel en el cine. Las golosinas a granel son una trampa de calorías. Comprad vuestras golosinas en cajas, luego sacudidlas - ¡fuerte! – antes de abrirlas. Sacudir las golosinas saca esas latosas calorías fuera, donde se pegan al cartón, o mueren. Y no hace falta ser un genio para entender que una caloría muerta no puede hacerte engordar.

¿Ejercicio, decís? Hago casi todo el mío en el coche, usando la técnica conocida como baile en el asiento. Tenéis que encontrar algo realmente rápido y alto (recomiendo los Ramones, el Elvis del principio, o “Choctaw Bingo” de James McMurtry), y luego dejad que el ritmo os mueva. El baile en el asiento es peligroso cuando hay mucho tráfico, pero aún así podéis apretar vuestras nalgas – como en las viejas tablas de ejercicios de Jane Fonda – y si estáis en la autopista, poned vuestro coche-fiesta en modo control de crucero y sacudid los hombros también. En los semáforos, especialmente esos irritantemente largos donde las flechas apuntan en cualquier dirección excepto la que queréis tomar, realmente podéis dejaros ir. Aprendí a hacer la Patata Aplastada y el Watusi mientras esperaba que cambiaran varios semáforos, y – no es que quiera alardear o algo – soy un bailarín tremendo. ¿Os miran como si estuvierais locos? Por supuesto, pero preguntaos a vosotros mismos qué os importa más, permanecer delgados o el que algún extraño piense que estáis teniendo una emergencia médica en la esquina de Main y Broad.

Cuando miréis televisión, amarrad pesos de cinco libras a vuestros tobillos y haced levantamientos de pierna durante los anuncios. No sólo es un buen trabajo cardíaco, sino que cada set de levantamientos de 60 segundos quema mil calorías o más. Una cosa más: Si realmente os creéis algo de todo esto, tengo un ladrillo que quiero venderos. Y aceptaré cheques.

Porque recordad: Cada vez que extendéis un cheque, quemáis 200 calorías. ¿No es algo hermoso?

martes, 3 de noviembre de 2009

Relato "Premium Harmony", de Stephen King - traducción

Relato publicado el 02 de noviembre de 2009 en New Yorker
Traducción por Sonia Rodríguez

Llevan casados diez años y durante mucho tiempo todo fue bien – fenomenal – pero ahora discuten. Ahora discuten mucho. Realmente siempre es la misma discusión. Tiene circularidad. Es, piensa Ray, como una carrera de perros. Cuando discuten, son como galgos persiguiendo al conejo mecánico. Pasas el mismo escenario una y otra vez, pero no lo ves. Ves el conejo.

Él cree que quizás sería diferente si hubieran tenido hijos, pero ella no podía quedarse embarazada. Finalmente hicieron las pruebas, y es lo que dijo el médico. Era problema de ella. Después de un año o así, le compró un perro, un Jack Russell al que ella llamó Biznezz. Lo deletreaba a las personas que preguntaban. Adora ese perro, pero ahora discuten igualmente.

Van a ir a Wall-Mart a por semillas de césped. Han decidido vender la casa – no pueden permitirse mantenerla – pero Mary dice que no seguirán adelante hasta que hagan algo con las tuberías y arreglen el césped. Dice que esos trozos sin césped hacen que parezca una casucha irlandesa. Es por la sequía. Ha sido un verano caluroso y no ha habido lluvias que digamos. Ray le dice que sus semillas de césped no crecerán sin lluvia, no importa cómo sean de buenas. Dice que deberían esperar.

- Entonces pasa otro año y seguimos aquí – dice ella-. No podemos esperar otro año, Ray. Estaremos en bancarrota.

Cuando habla ella, Biz la mira desde su lugar en el asiento trasero. A veces mira a Ray cuando habla Ray, pero no siempre. Casi siempre mira a Mary.

- ¿Qué piensas? – dice él-. ¿Que va a llover sólo para que no tengas que preocuparte por estar en bancarrota?

- Estamos juntos en esto, por si lo has olvidado –dice ella. Están conduciendo a través de Castle Rock. Está bastante muerto. Lo que Ray llama “la economía” ha desaparecido de esta parte de Maine. El Wal-Mart está en el otro lado de la ciudad, cerca del instituto donde Ray es portero. El Wal-Mart tiene su propio semáforo. La gente bromea sobre eso.

- Gastar a manos llenas y ahorrar en las nimiedades – dice él-. ¿Alguna vez has escuchado eso?

- Un millón de veces, de ti.

Él gruñe. Puede ver al perro en el espejo retrovisor, mirándola. En cierto modo odia el modo en que Biz hace eso. Se le ocurre que ninguno de ellos sabe de qué están hablando.

- Y para en el Quik-Pik – dice ella-. Quiero comprar una pelota de kickball para el cumpleaños de Tallie. – Tallie es la hija de su hermano. Ray supone que eso la convierte en su sobrina, aunque no está seguro de que eso sea correcto, dado que toda la sangre es del lado de Mary.

- Tienen pelotas en el Wal-Mart – dice Ray-. Y todo está más barato en Wally World.

- Las de Quik-Pik son violetas. El violeta es su color favorito. No puedo estar segura de que haya de color violeta en Wal-Mart.


Ilustración de Steve Powers

- Si no hay, pararemos en el Quik-Pik cuando volvamos –Siente un gran peso sobre su cabeza.

Ella se saldrá con la suya. Siempre hace las cosas así. A veces él cree que el matrimonio es como un partido de fútbol y él está haciendo de quarterback en el equipo que lleva las de perder. Tiene que elegir sus estrategias. Hacer pases cortos.

- Estaremos en el lado opuesto cuando volvamos – dice ella, como si estuvieran atrapados en un torrente de tráfico urbano en vez de rodando a través de una ciudad casi desierta donde la mayoría de los locales estaban en venta. – Entraré corriendo y cogeré la pelota y saldré corriendo.

Con noventa kilos, piensa Ray, tus días de correr se han terminado.

- Sólo son noventa y nueve centavos – dice ella-. No seas tan avaro.

No seas tan derrochona, piensa él, pero lo que dice es: - Cómprame un paquete de cigarrillos ahí dentro. Se me han terminado.

- Si lo dejaras, tendríamos cuarenta dólares más a la semana. Puede que más.

Él ahorra y le paga a un amigo de Carolina del Sur para que le envíe una docena de cartones a la vez. El cartón cuesta veinte dólares más barato en Carolina del Sur. Es mucho dinero, incluso en estos tiempos. No es como si no intentara ahorrar. Le ha contado esto antes, y lo volverá a hacer, pero ¿cuál es el tema? Le entra por una oreja y le sale por otra.

- Solía fumar dos paquetes al día – dice-. Ahora fumo menos de medio paquete. – En realidad, la mayor parte de los días fuma más. Ella lo sabe, y Ray sabe que ella lo sabe. Eso es el matrimonio cuando pasa el tiempo. El peso sobre su cabeza se hace un poco más grande. Además, puede ver a Biz mirándola. Él alimenta al maldito perro, y gana el dinero que paga la comida, pero es a ella a quien mira. Y se supone que los Jack Russell son listos.

Gira para entrar en el Quik-Pik.

- Deberías comprarlos en Indian Island si tienes que hacerlo – dice ella.

- No venden tabaco libre de impuestos en la reserva desde hace diez años – dice él-. Te he dicho eso, también. No escuchas. – Pasa por los surtidores de combustible y aparca al lado de la tienda. No hay sombra. El sol cae de pleno. El aire acondicionado del coche funciona a medias. Los dos están sudando. En el asiento de atrás, Biz está jadeando. Hace que parezca que está sonriendo.

- Bueno, deberías dejarlo – dice Mary.

- Y tú deberías dejar esos Little Debbies – dice. No quiere decir esto – sabe cómo de sensible es ella con su peso – pero le sale. No puede evitarlo. Es un misterio.

- Ya no los como – dice-. Ninguno, quiero decir. Ya no.

- Mary, la caja está en el estante de arriba. Un paquete de veinticuatro. Detrás de la harina.

- ¿Estabas fisgoneando? – El rubor se eleva en sus mejillas, y él ve qué aspecto tenía cuando aún era hermosa. Atractiva, en todo caso. Todo el mundo decía que era atractiva, incluso su madre, a quien no le gustaba por lo demás.

- Estaba buscando el abrebotellas – dice-. Tenía una botella de gaseosa de vainilla. De esas con el tapón antiguo.

- ¡Buscándola en el estante de arriba de la maldita despensa!

- Entra y compra la pelota – dice-. Y tráeme algunos cigarrillos. Enróllate.

- ¿No puedes esperar a llegar a casa? ¿No eres capaz de esperar tanto?

- Puedes coger los baratos – dice él-. Esos de marca blanca. Premium Harmony, se llaman. –Saben como mierda casera, pero está bien. Si para ya con el tema.

- ¿Dónde vas a fumar, de todos modos? En el coche, supongo, para que yo tenga que respirarlo.

- Abriré la ventanilla. Siempre lo hago.

- Cogeré la pelota. Cuando vuelva, si todavía sientes que tienes que gastar cuatro dólares con cincuenta centavos para envenenar tus pulmones, puedes entrar. Me sentaré con el bebé.

Ray odia cuando llama a Bizz el bebé. Es un perro, y puede ser tan brillante como a Mary le gusta jactarse cuando tienen compañía, pero sigue cagando fuera y lamerse donde solían estar sus pelotas.

- Compra unos pocos Twinkies ahí dentro – le dice-. O puede que tengan una promoción en Ho Hos.

- Eres tan mezquino –dice ella. Sale del coche y cierra la puerta de un golpe. Ha aparcado demasiado cerca del bloque de hormigón de un edificio y ella tiene que pasar con cuidado hasta que sobrepasa el maletero del coche, y él sabe que ella sabe que la está mirando, mirando cómo siendo ahora tan grande tiene que pasar con cuidado. Sabe que ella piensa que ha aparcado cerca del edificio a propósito, para hacerla pasar así, y puede que lo haya hecho.



- Bueno, Biz, viejo amigo, ahora quedamos tú y yo.

Biz se tumba en el asiento trasero y cierra los ojos. Puede ponerse de pie sobre sus patas traseras y girar durante unos pocos segundos cuando Mary pone un disco y le dice que baile, y si le dice (con voz alegre) que ha sido un niño malo puede ir hasta la esquina y sentarse mirando la pared, pero aún así caga fuera.

Se queda sentado allí y ella no sale. Ray abre la guantera. Manotea en el nido de ratas de papeles, buscando algunos cigarrillos que pueda haber olvidado, pero no hay ninguno. Encuentra un Hostess Sno Ball todavía en su envoltorio. Lo abre. Está tan tieso como un cadáver. Tiene que tener mil años. Puede que más. Puede que provengan del Arca.

- Todo el mundo tiene su veneno – dice. Desenvuelve el Sno Ball y lo arroja al asiento trasero. - ¿Quieres eso, Biz?

Biz devora el Sno Ball en dos bocados. Luego se dedica a chupar pedazos de coco del asiento. Mary se pondría histérica, pero Mary no está aquí.



Ray mira el indicador de combustible y ve que está por debajo de la mitad. Podría apagar el motor y bajar las ventanillas, pero entonces se asaría de verdad. Sentado aquí al sol, esperando a que ella compre una pelota de kickball violeta de noventa y nueve centavos aún cuando sabe que podrían conseguir una por setenta y siete centavos en Wal-Mart. Sólo que esa podría ser amarilla o roja. No lo bastante buena para Tallie. Sólo violeta para la princesa.
Está sentado allí y Mary no vuelve. - ¡Cristo en un pony! – dice. El aire frío sale de los ventiladores. Piensa de nuevo en apagar el motor, ahorrar algo de combustible, y luego piensa, Demonios. Ella no cederá y le traerá los cigarrillos, de todos modos. Ni siquiera la marca blanca barata. Esto lo sabe. Tuvo que hacer esa afirmación sobre las Little Debbies.
Ve a una joven por el espejo retrovisor. Está corriendo en dirección al coche. Está incluso más gorda que Mary; grandes tetas se bambolean hacia delante y hacia atrás bajo su bata azul. Biz la ve acercarse y empieza a ladrar.

Ray baja la ventanilla cuatro o cinco centímetros.

- ¿Está con la mujer rubia que acaba de entrar? ¿Es su mujer? –Suelta las palabras entre resoplidos. Su rostro brilla por el sudor.

- Sí. Quería una pelota para nuestra sobrina.

- Bueno, algo malo le pasa. Se ha caído. Está inconsciente. El Sr. Ghosh cree que podría haber sufrido un ataque al corazón. Ha llamado al 911. Será mejor que entre.

Ray cierra el coche y la sigue dentro de la tienda. Hace frío dentro. Mary está tirada en el suelo con las piernas estiradas, y los brazos a los lados. Está al lado de un cilindro de alambre lleno de pelotas de kickball. El cartel sobre el cilindro de alambre dice “Diversión para el verano”. Sus ojos están cerrados. Podría estar durmiendo allí sobre el linóleo. Hay tres personas de pie a su lado. Una es un hombre de piel oscura con pantalones color caqui y una camisa blanca. Una etiqueta con su nombre en el bolsillo de su camisa dice “SR. GHOSH GERENTE”. Las otros dos son clientes. Una es un hombre delgado sin mucho pelo. Está en los setenta por lo menos. La otra es una mujer gorda. Está más gorda que Mary. Más gorda que la chica de la bata azul, también. Ray cree que por derecho que ella debería ser la que estuviera tirada en el suelo.

- Señor, ¿es usted el marido de esta señora? – pregunta el Sr. Ghosh.

- Sí –dice Ray. No parece ser suficiente-. Sí, lo soy.

- Siento decirlo, pero creo que podría estar muerta – dice el Sr. Ghosh-. Le he hecho la respiración artificial y el boca a boca, pero…

Ray piensa en el hombre de piel oscura poniendo su boca sobre la de Mary. Besándola a la francesa, en cierto modo. Exhalando en su garganta justo al lado del cilindro de alambre lleno de pelotas de plástico de kickball. Entonces se arrodilla.

- Mary – dice-. ¡Mary! –como si la estuviera despertando después de una noche difícil.

No parece que esté respirando, pero nunca puedes estar seguro. Pone su oreja sobre la boca de ella y no escucha nada. Siente aire en su piel, pero probablemente es sólo el aire acondicionado.

- Este caballero ha llamado al 911 – dice la mujer gorda. Sostiene una bolsa de Bugles.

- ¡Mary! – dice Ray. Más alto esta vez, pero no es capaz de gritar, no arrodillado con la gente alrededor de pie. Mira hacia arriba y dice, con tono de disculpa-: Nunca se pone enferma. Tiene la salud de un caballo.

- Nunca se sabe –dice el viejo. Menea la cabeza.

- Se cayó de repente –dice la joven de la bata azul-. Ni una palabra.

- ¿Se agarró el pecho? –pregunta la mujer gorda de las Bugles.

- No lo sé –dice la joven-. Supongo que no. Al menos yo no lo vi. Simplemente se cayó.

Hay un expositor con camisetas de recuerdo cerca de las pelotas de kickball. Dicen cosas como “Mis padres fueron tratados como miembros de la Realeza en Castle Rock y todo lo que me trajeron fue esta asquerosa camiseta”. El Sr. Ghosh coge una y dice-: ¿Le gustaría cubrir su rostro, señor?

- ¡Dios, no! –dice Ray, alarmado-. Podría estar sólo inconsciente. No somos médicos. –Más allá del Sr. Ghosh, ve a tres chicos, adolescentes, mirando hacia dentro por la ventana. Uno tiene un teléfono móvil. Lo está utilizando para tomar una foto.

El Sr. Ghosh sigue la mirada de Ray y se precipita hacia la puerta, agitando las manos. - ¡Chicos, fuera de aquí! ¡Chicos, fuera!

Riéndose, los adolescentes retroceden arrastrando los pies, luego se dan la vuelta y corren pasando por los surtidores hasta la acera. Detrás de ellos, el centro de la ciudad, casi desierto, brilla. Un coche pasa con una cadencia de rap. Para Ray, los graves suenas como el corazón roto de Mary.

- ¿Dónde está la ambulancia? –dice el viejo-. ¿Cómo es que no ha llegado todavía?
Ray está de rodillas al lado de su mujer mientras pasa el tiempo. Le duele le espalda y las rodillas, pero si se levanta parecerá un espectador.

La ambulancia resulta ser un Chevy Suburban pintado de blanco con rayas de color naranja. Las gordas luces rojas están parpadeando. En la parte delantera, está impreso “RESCATE CASTLE COUNTY”, solo que al revés, así puedes leerlo en tu espejo retrovisor.

Los dos hombres que entran están vestidos de blanco. Parecen camareros. Uno empuja un tanque de oxígeno sobre una carretilla. Es un tanque verde con una calcomanía de la bandera Americana en él. – Lo siento –dice-. Acabamos de cubrir un accidente de coche más allá de Oxford.

El otro ve a Mary tirada en el suelo. – Ay, caramba –dice.

Ray no puede creerlo. - ¿Todavía está viva? –pregunta-. ¿Sólo está inconsciente? Si lo está, será mejor que le deis oxígeno o sufrirá daño cerebral.

El Sr. Ghosh menea la cabeza. La joven con bata azul empieza a llorar. Ray quiere preguntarle por qué está llorando, y entonces lo sabe. Ha inventado una historia entera sobre él a partir de lo que acaba de decir. Y por ese motivo, si volviera en una semana o así y jugara bien sus cartas, podría echarle un polvo por compasión. No es que lo vaya a hacer, pero ve que podría. Si quisiera.

Los ojos de Mary no reaccionan al oftalmoscopio. Un técnico de emergencias escucha su inexsitente latido, y el otro toma su inexistente presión arterial. Sigue así por unos instantes. Los adolescentes vuelven con algunos de sus amigos. Otras personas, también. Ray supone que han sido atraídos por las luces rojas parpadeantes encima de la Suburban del modo en que los insectos son atraídos por la luz de un porche. El Sr. Ghosh echa otra carrera hacia ellos, agitando los brazos. Retroceden de nuevo. Luego, cuando el Sr. Ghosh vuelve al círculo que está alrededor de Mary y Ray, vuelven.

Uno de los técnicos de emergencias le dice a Ray-: ¿Era su esposa?

- Correcto.

- Bueno, señor, siento decir que está muerta.

- María, madre de Dios –dice la señora gorda de las Bugles. Se santigua.

- Oh –Ray se levanta. Le crujen las rodillas-. Me dijeron que lo estaba.

El Sr. Ghosh le ofrece a uno de los técnicos de emergencias la camiseta de recuerdo para poner sobre el rostro de Mary, pero el técnico niega con la cabeza y sale. Le dice a la pequeña multitud que no hay nada que ver, como si alguien fuese a creer que una muerta en el suelo de Quik-Pik no es interesante.

El técnico de emergencias tira de una camilla con ruedas en la parte de atrás del vehículo de rescate. Lo hace con un simple tirón de la muñeca. Las patas se estiran completamente. El viejo con el pelo ralo mantiene la puerta abierta y el técnico de emergencias empuja su lecho de muerte rodante dentro.

- Guau, qué calor – dice el técnico de emergencias, secándose la frente.

- Quizá quiera girarse en esta parte, señor –dice el otro, pero Ray mira mientras la suben a la camilla. Una sábana ha sido plegada en el extremo de esta. La estiran del todo, hasta que está sobre el rostro de ella. Ahora Mary parece un cadáver de los de las películas. La hacen rodar hacia el calor. Esta vez, la mujer gorda de las Bugles sostiene la puerta para ellos. La multitud se ha retirado hasta la acera. Tiene que haber tres docenas de personas de pie al fuerte sol de agosto.

Cuando Mary está guardada, los técnicos de emergencias vuelven. Uno sostiene un sujetapapeles. Le plantea a Ray cerca de veinticinco preguntas. Ray es capaz de contestar a todas excepto la de la edad de ella. Luego recuerda que es tres años más joven que él y les dice que treinta y cinco.

- Vamos a llevarla al St. Stevie –dice el técnico de emergencias del sujetapapeles-. Puede seguirnos si no sabe donde está.

- Lo sé –dice Ray-. ¿Qué? ¿Quieren hacer una autopsia? ¿Cortarla?

La chica de la bata azul lanza un gritito. El Sr. Ghosh la rodea con su brazo, y ella apoya su cara en la camisa blanca de él. Ray se pregunta si el Sr. Ghosh se la tira. Espera que no. No a causa de la piel oscura del Sr. Ghosh, sino porque le dobla la edad.

- Bueno, no es decisión nuestra –dice el técnico de emergencias-, pero probablemente no. No murió desatendida…

- Y que lo digas –interviene la mujer de las Bugles.

- …y es bastante claramente un ataque al corazón. Probablemente podrá llevarla a la funeraria casi inmediatamente.

¿Funeraria? Hace una hora estaban en el coche, discutiendo. – No tengo una funeraria, una parcela para la tumba, nada. ¿Qué demonios? Tiene treinta y cinco.

Los dos técnicos de emergencias intercambian una mirada. – Sr. Burkett, habrá alguien que le ayudará con todo eso en el St. Stevie. No se preocupe por eso.



La furgoneta de emergencias se va con las luces todavía parpadeando pero con la sirena apagada. La multitud en la acera empieza a disgregarse. La dependienta, el viejo, la mujer gorda, y el Sr. Ghosh miran a Ray como si fuera alguien especial. Una celebridad.

- Quería una pelota de kickball violeta para nuestra sobrina –dice-. Va a cumplir años. Tendrá ocho. Se llama Talia. Tallie para acortar. Se le llamó así por una actriz.

El Sr. Ghosh toma una pelota de kickball de la cesta de alambre y se la alarga a Ray con las dos manos. – Invita la casa –dice.

- Gracias, señor –dice Ray, intentando sonar igualmente solemne, y la mujer de las Bugles rompe a llorar. – María, Madre de Dios –dice. Le gusta esa.

Se quedan de pie un momento, hablando. El Sr. Ghosh saca refrescos del frigorífico. También tienen de estas en casa. Beben sus refrescos y Ray les cuenta unas pocas cosas sobre Mary. Les cuenta como hizo un edredón que ganó el tercer premio en la feria de Castle County. Eso fue en el 2002. O puede que en 2003.

- Eso es tan triste – dice la mujer de las Bugles. Las ha abierto y está compartiéndolas. Comen y beben.

- Mi mujer se fue mientras dormía –dice el hombre del pelo ralo-. Se tumbó en el sofá y nunca se despertó. Llevábamos casados treinta y siete años. Siempre había esperado irme primero, pero ese no era el modo que deseaba el buen Señor. Todavía puedo verla allí tumbada en el sofá.

Finalmente, a Ray se le terminan las cosas para contarles, y a ellos se les terminan las cosas para contarle. Los clientes están entrando de nuevo. El Sr. Ghosh atiende a algunos, y la mujer de la bata azul atiende a otros. Entonces la mujer gorda dice que de verdad se tiene que ir. Le da a Ray un beso en la mejilla antes de hacerlo.

- Ahora necesita ocuparse de sus asuntos, Sr. Burkett – le dice. Su tono es a la vez de reprensión y coqueto.

Mira el reloj sobre el mostrador. Es del tipo que tiene un anuncio de cerveza. Han pasado casi dos horas desde que Mary se deslizó entre el coche y el lateral de ladrillos color ceniza del Quik-Pik. Y por primera vez piensa en Biz.

Cuando abre la puerta, le golpea el calor, y cuando pone la mano sobre el volante para apoyarse la retira con un grito. Tiene que haber cincuenta grados aquí dentro. Biz está muerto de espaldas. Sus ojos están lechosos. Su lengua sobresale por un lateral de su boca. Ray puede ver un atisbo de sus dientes. Hay pequeños pedazos de coco atrapados en sus bigotes. Eso no debería ser divertido, pero lo es. No lo bastante divertido como para reírse, pero divertido.

- Biz, viejo amigo –dice-. Lo siento. Olvidé que estabas aquí.

Una gran tristeza y diversion le recorren mientras mira al asado Jack Russell. Que algo tan triste sea divertido es una vergüenza.

- Bueno, ahora estás con ella, ¿no? –dice, y esto es tan triste que empieza a llorar. Es una tormenta fuerte. Mientras llora, se le ocurre que ahora puede fumar donde quiera, y en cualquier parte de la casa. Puede fumar justo en su mesa del comedor.

- Ahora estás con ella, Biz –repite a través de las lágrimas. Su voz suena congestionada gruesa. Es un alivio sonar adecuado a la situación. – Pobre vieja Mary, pobre viejo Biz. ¡Maldita sea!

Todavía llorando, y con la pelota de kickball todavía metida bajo el brazo, vuelve al Quik-Pik. Le dice al Sr. Ghosh que olvidó comprar cigarrillos. Piensa que puede que el Sr. Ghosh le dé un paquete de Premium Harmony invitando la casa también, pero la generosidad del Sr. Ghosh no llega a tanto. Ray fuma todo el camino hasta el hospital con las ventanillas cerradas y el aire acondicionado puesto.

jueves, 22 de octubre de 2009

Stephen King contra la tortura (Amnistía Internacional)


Stephen King sobre la tortura

[Una carta abierta a Barack Obama para una campaña de Amnistía Internacional, octubre 2009]

Querido presidente Obama:

No sé si alguna vez se ha molestado en leer mi trabajo, pero probablemente le sonará y me conocerá como “el escritor de terror”.

Podría discutir la etiqueta, pero dudo que ninguno de nosotros discuta la idea de que pocas cosas son tan horribles como la tortura. Entiendo su reluctancia a apoyar una comisión independiente que investigue actos de tortura cometidos por interrogadores estadounidenses a través de los años desde el 11/09/01; hay una urgencia poderosa para dejar que los actos indecentes permanezcan enterrados, a menos que ensucie aún más nuestra ya destrozada reputación en el juicio de la opinión mundial. Creo que usted mismo ha dicho que es hora de “pasar página”.

Pero hay otra perspectiva, Sr. Presidente, mejor articulada por George Santayana: “Aquellos que no aprenden del pasado están condenados a repetirlo”. Hicimos cosas en el calor de nuestra indignación que no tienen que repetirse. Permitimos que líderes asustados cometieran actos que volverán a atormentarnos si no son examinados. Hasta que este forúnculo de secretismo no sea abierto, la infección permanecerá. Y la única cosa que hacen las infecciones es propagarse y empeorar. Por favor ayude al país autorizando un examen de lo que fue mal, cómo ocurrió, y quién fue responsable. Será entonces, y sólo entonces, cuando podamos seguir adelante.

Suyo sinceramente,

Stephen King